LAS COLAS

NACH0 COTINO

Al Valencia le ha sucedido estos días algo similar a cuando tienes un saque de esquina a favor, pierdes de forma absurda la pelota y lo que era una ocasión de ataque se termina convirtiendo en un contragolpe fulgurante del contrario que, además, acaba en gol. En esos casos tan frustrante resulta el tanto encajado como la cara de gilipollas que se te queda al ver cómo acaba en tragedia lo que, en principio, aparentaba ser una oportunidad de gol para los tuyos. Pues... con el asunto de las entradas para el derbi ha sucedido algo similar. Es de aplaudir que se produjese un acercamiento -por otra parte lógico aunque otros años parecía imposible- entre Valencia y Levante facilitando un precio asequible para los aficionados pero esa magnífica noticia ha terminado convirtiéndose en un problema -y no pequeño- para el Valencia. Primero porque el club no dijo la verdad de inicio y si tenía un compromiso adquirido con quien fuese hubiese sido más honesto hablar de 350 entradas en taquilla y no de 750, más que nada porque en función de las localidades disponibles cualquier aficionado al llegar a la cola podría haber evaluado las posibilidades que tenía para hacerse con una localidad. Segundo porque no parece de recibo que en pleno siglo XXI se vuelva a presenciar el espectáculo tercermundista de cientos de seguidores cociéndose al sol con la cantidad de recursos que hoy nos brindan las nuevas tecnologías y tercero porque, con independencia de si la Agrupación de Peñas debe o no disponer de acceso a un paquete de localidades o tiene que hacerlo la Curva Nord, no termina siendo buen sistema el incumplir los acuerdos que tenías con ellos. Da la sensación de que esta vez la buena voluntad del presidente del Valencia, sensibilizado con el lógico enfado de aquellos que no habían conseguido su entrada pese a su larga espera, le ha empujado a dinamitar los acuerdos con dos colectivos que hay que tener en cuenta. Anil Murthy, al que cabe agradecerle el detalle de bajar al ruedo y dar la cara cuando se presenta un problema, se mantiene firme en que nadie mantenga ningún tipo de privilegio a la hora de, como en este caso, poder hacerse con entradas para un derbi, y parece dispuesto a apechugar con las consecuencias que pueda conllevar el hecho de soliviantar a dos colectivos que en muchos momentos han sostenido: por una parte la animación en Mestalla y por otra la movilización de aficionados en partidos importantes para el club. Quizá eso -ojalá sí- se pueda reparar con las dotes diplomáticas del presidente y con una dosis de buena voluntad de los implicados. Lo que tiene más difícil reparación y más complicado de explicar es cambiar las reglas del juego cuando la partida ya ha comenzado. Y sería una verdadera pena que ahora que parecía que todo el mundo estaba remando en el mismo sentido -algo verdaderamente complicado en el valencianismo- se rompa la armonía por un puñado de entradas.

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