COCODRILOS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Cuando aquellos largos, interminables veranos de mi infancia, jamás tuvieron que obligarme a hacer la siesta. Sin necesidad de estímulos por parte de los progenitores me largaba a la cama para tumbarme y sumergirme en evocaciones de fresca babilla. Tras dos horas de posición horizontal, mi padre, desesperado ante mí inacción, acudía para echarme una reprimenda: «Oye, que llevas dos horas ahí... No sé, haz algo, muévete hombre». Quiero decir con esto que, de alguna manera, ya de niño optaba por un comportamiento apalancado y algo viejuno. Ignoro el motivo, pero en la ficción siempre empatizo con los viejos. En 'El rey del juego', cuando la partida de póquer final entre Edward G. Robinson y el carismático aspirante Steve McQeen, todos se ponían del lado de Steve menos yo. Y bien que me alegré cuando el legendario E.G. Robinson le vapuleó... Tampoco es que sea un adicto a las series, pero de las que he visto, destaco dos precisamente porque unos actores mayores se comen el pastel de una forma sublime. En 'Ray Donovan' el verdadero epicentro es Jon Voight aunque chupe menos minutos que el protagonista real. Supone una delicia contemplar su actuación interpretando a una canalla amoral. Sus andares, sus gestos, su tono de voz y su temple se me antojan poesía del lado salvaje de la vida. Y en 'Animal kingdom' Ellen Barkin realiza un trabajo excepcional. Reseca, cincelada por una motosierra, dura, dotada con una mirada que traspasa el blindaje de una caja fuerte, ofrece una composición magistral y podría enamorarme de ella aunque me aventaja en veinte años. Su personaje me traspasa el alma y sólo una actriz de talento logra esa composición. Frente a la tiranía juvenil que se impone me decanto por los veteranos que acumulan sabiduría de cocodrilo superviviente, caníbal y longevo.

Fotos

Vídeos