OJO CLÍNICO

NACH0 COTINO

El hecho de que el Valencia contrate a un profesional contrastado para reforzar la estructura deportiva debería suponer, y así entiendo que debe ser, una buena noticia pero en este club siempre sucede algo que lo convierte en controversia. Aquí somos así. Y en este caso la controversia viene dada por el apadrinamiento de la contratación. Todo el mundo se pregunta las razones que llevan a Marcelino a desmarcarse de Pablo Longoria de la misma manera que se desmarca de todo aquello que tiene que ver con la política de fichajes del Valencia. O bien todo el poder deportivo de la entidad ha recaído en la espalda de Marcelino y el asturiano hace y deshace a su buen entender por delegación del 'amo', circunstancia que ni resulta sorprendente y que, afortunadamente, dista mucho de la chapuzas anteriores, en cuyo caso no se entiende la reticencia a la hora de reconocer el poder adquirido. O el poder se lo está trabajando pasito a pasito y no quiere 'sacar pecho' por no despertar ciertos 'celos' dentro de la entidad que puedan acabar resultando incómodos y contraproducentes. En cualquier caso, la relación entre Longoria, Marcelino y su agente Eugenio Botas es una evidencia. El flujo de futbolistas 'scouteados' por Longoria que han terminado recalando en las filas de los diferentes equipos que ha venido entrenando Marcelino, incluyendo el propio Valencia, evidencia que nos encontramos ante un tándem que se entiende perfectamente y si responde a una decisión de Singapur el colocar al frente de la 'cosa deportiva' del Valencia a un tándem que se entiende a la perfección... ¿por qué no lo quiere reconocer Marcelino? Está claro que, en algún lugar, hay una clave escondida que podría dar respuesta a esta incógnita pero, siendo importante porque tiene que ver con la construcción del club que concita todo nuestro interés, no es lo más importante. Porque el fútbol es y será resultadista. El fin importa mucho más que el proceso. Cuando se hace balance del trabajo de una dirección deportiva prima el acierto. El ojo clínico que pueda tener para dar con el futbolista idóneo para el entrenador que tiene y la capacidad de consenso entre ambos para que las soluciones sean soluciones y no problemas. Parece obvio que si hay método, habrá más opciones de acierto pero hemos conocido directores deportivos que, con todos los pronunciamientos favorables, no daban una a derechas y otros que, sin método alguno e incluso con escasa capacidad de trabajo, tuvieron buen ojo y talento para acertar. Parece lógico que aterrice en Valencia alguien que habla el mismo idioma que el entrenador y que los dos hablen el mismo idioma que el director general pero tratar de ocultar dicha sintonía fundamentada en un conocimiento previo sólo puede despertar suspicacias y alimentar los ataque de celos de quienes puedan esta esperando un patinazo. Lo importante es que las decisiones de fútbol las tome gente de fútbol. No es garantía de nada, o sí. Es garantía de sentido común. Que no es poco.

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