La cláusula Brievik

En vez de proponernos con seriedad un sistema penitenciario más eficaz y humano, ponemos el grito en el cielo porque algunos psicópatas puedan estar toda la vida en la cárcel

VICENTE GARRIDO PROFESOR DE CRIMINOLOGÍA

En la inquietante película 'Seven' (1995), el inspector Somerset (interpretado por Morgan Freeman) le explica a su capitán por qué espera, impaciente, el momento de jubilarse: el día anterior un hombre había sido atacado para robarle; después de que yaciera inerme en el suelo, el agresor le había acuchillado en los ojos. «Ya no puedo comprender este mundo», le dice. Somerset no quería seguir en una época en que resulta difícil comprender qué impulsa a algunos asesinos a protagonizar crímenes aberrantes. El único (hasta ahora) condenado en España a la prisión permanente revisable (PPR) ilustra esta misma consternación de un modo todavía más salvaje: David Oubel, el parricida de Moraña, de forma premeditada, intentó mediante fármacos dejar inconscientes a sus hijas de 4 y 9 años, y luego les destrozó la cara y el cuello con una sierra radial y un cuchillo; la mayor, sin embargo, había peleado, a pesar de estar atada con cinta aislante. No puedo imaginar siquiera el horror de la niña en sus últimos momentos de vida.

Está ahora en trámite en el Congreso la tramitación de una ley para derogar la PPR. Con este motivo se han pronunciado políticos y eminentes juristas; todos ellos coinciden en que esta pena debe ser eliminada de nuestro código penal, planteando que es inconstitucional, inhumana e ineficaz. Voy a referirme a estas cuestiones, proponiendo un análisis desde los diversos planos que confluyen.

En primer lugar, tenemos el plano jurídico; yo no soy un experto, pero se aduce que la PPR es contraria a la Constitución, que establece como un fin prioritario de las penas la reinserción social del condenado; si alguien puede ser encerrado para siempre, aunque la pena en principio no obligue a ello (puesto que pasados 25 años preso podrá ser objeto de revisión y ser liberado), entonces se está incumpliendo este mandato constitucional. Ahora bien, sí que me gustaría señalar que toda Europa (salvo Portugal) y la mayoría de los países del mundo tienen una pena semejante, lo que me lleva a preguntarme qué tenemos de diferentes los españoles para justificar esta excepcionalidad. Todavía no he leído una buena respuesta al respecto, aunque sin duda se podría argüir que nuestro código penal aspira a ser más justo y humanitario que el del resto del mundo.

Para la cuestión de la ineficacia recurrimos a la Criminología, que ha de basar sus pronunciamientos en la investigación empírica. No hay duda -como afirman los abolicionistas de la PPR- que esta condena no sirve para disuadir a futuros asesinos, aquí los datos son concluyentes, pero a mi juicio esto es irrelevante. La PPR está pensada para asesinos múltiples (dos o más víctimas en un mismo acto), psicópatas sexuales y homicidas, y asesinos seriales (dos o más víctimas en secuencias diferentes), además de terroristas. Estos son individuos son 'especiales', con una probabilidad de reincidencia muy alta. Hace pocos años, con ocasión de la puesta en práctica de varios psicópatas sexuales merced a la llamada 'doctrina Parot', tuvimos una evidencia empírica indeseada de esta afirmación: seis de los liberados reincidieron al poco tiempo, con el resultado de una anciana asesinada y varias mujeres violadas, así como algunos niños agredidos sexualmente.

Es cierto que esta gente fue juzgada por el código penal anterior (1995), y que con el código actual probablemente hubieran cumplido más años, pero es evidente que muchos de ellos todavía hubieran salido en condiciones físicas de seguir delinquiendo. La PPR establece la libertad vigilada para los casos de mejor pronóstico, pero el espíritu de la pena es procurar ante todo que cuando salga ya no constituya un peligro para la sociedad, lo que inducirá a ser conservadores en la valoración del riesgo de reincidencia («en caso de duda, que se quede dentro»). Aquí está la crítica de inhumanidad. Esto nos lleva al tercer plano de análisis, el ético o de los valores.

El máximo tiempo de prisión en Colombia cuando fue condenado el asesino de más de 200 niños, Garavito, era de 40 años. Con los beneficios penitenciarios, probablemente cumplirá menos de 30 años en total, es decir, un año de cárcel más o menos por cada siete niños asesinados. Mi duda es si esto es 'ético'. La muy 'progresista' Yoko Ono se pone histérica cada vez que el asesino de su esposo, Mark Chapman, se somete a revisión de la junta de libertad condicional, y se apresura a decir que ese monstruo no puede salir porque ella y su familia no podrían seguir viviendo en paz.

En el plano de la ética yo estoy a favor de un sistema penitenciario que prime la libertad condicional gracias a la creación de un cuerpo de profesionales que supervisen y ayuden a la rehabilitación, porque esto se sabe que disminuye la reincidencia en la gran mayoría de los presos. En vez de proponernos con seriedad un sistema penitenciario más eficaz y humano (no se dan muchas libertades condicionales porque los técnicos saben que no van a contar con ayuda exterior) ponemos el grito en el cielo porque algunos psicópatas puedan estar toda la vida en la cárcel. Además de evitar algunos homicidios y violaciones, la PPR cumple una función simbólica importante: dice a la sociedad que hay crímenes que no se pueden soportar.

Noruega, uno de los países con el código penal más humano (la pena máxima son 21 años), tiene una cláusula en su código penal que permite al juez mantener sine die a un delincuente si existe un riesgo importante de que reincida: Anders Brievik asesinó a 66 niños como si fueran conejos en la isla de Utoya, además de a 11 adultos, y dijo que sus actos «fueron espantosos pero necesarios». ¿Qué creen que hará el juez llegado el fin de su condena? Si se quiere derogar la PPR se tienen que contemplar todos estos factores, y que se diga que se prefieren unos valores a otros. A mí me preocupa el 90% de los presos, en su mayoría recuperables. Se habla de que la PPR busca satisfacer la venganza de las víctimas, no lo creo. En todo caso, ¿acaso la Ley no sirve para canalizar esa venganza de forma reglada? ¿Por qué todos vitorearon a los Mossos que ejecutaron a los terroristas? ¿Por qué es inhumano que Igor el Ruso (asesino despiadado de tres españoles y dos italianos) sea condenado a la PPR? Es cierto que nadie podrá devolver la vida a los dos niños de Moraña, pero podemos condenar a su autor a una pena extraordinaria, como extraordinarios fueron sus crímenes.

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