El clamor de la calle

Estupor, indignación, vergüenza y rabia ante lo que está sucediendo en Cataluña

IGNACIO GIL LÁZARO

La verdad a las claras. La inmensa mayoría de españoles sentimos estupor, indignación, vergüenza y rabia ante lo que está sucediendo en Cataluña. Primero, estupor por la actitud pasmosa de un Gobierno que ha preferido ir a rastra de los acontecimientos en vez de anticiparse a ellos para la defensa eficaz de la unidad nacional, el mantenimiento del orden público y la garantía de las libertades de millones de catalanes aplastados por la tiranía separatista¡. Un gobierno a la expectativa frente al activismo de unos dirigentes sediciosos que han gozado y gozan de absoluta impunidad. Un gobierno que al final se ha dejado torear por Puigdemont y su banda. Un gobierno que por eso está perdiendo el apoyo de muchísimos miles y miles de ciudadanos cansados de tanto titubeo mientras en las calles de Cataluña crece el matonismo chulesco de los separatistas que además han anunciado para el martes la proclamación de independencia aunque el Tribunal Constitucional haya prohibido la sesión parlamentaria prevista al efecto. Les da igual. Volverán a hacer lo que les venga en gana. Segundo, indignación por la calculada tibieza de la clase política en general, y más por el juego sucio de la izquierda. Una izquierda que para no comprometerse pide todavía negociación y diálogo con quienes se han puesto fuera de la democracia y de la ley o abiertamente les respalda. Una izquierda huérfana de grandeza moral que al hilo de esta coyuntura solo busca pescar en río revuelto sin importarle en absoluto nada más. Tercero, vergüenza y rabia por el abandono a policías y guardias civiles, no dejándoles defenderse con el uso legítimo de la fuerza cuando se estaba practicando sobre ellos el cerco tumultuario o una violencia delictiva. Vergüenza y rabia al escuchar cómo se les ha insultado y calumniado no solo por los independentistas sino también por ciertos líderes que han demostrado así su vileza, su miseria intelectual y su anemia patriótica. Pero sobre todo, infinita vergüenza y rabia viendo al delegado del Gobierno en Cataluña pedir disculpas por las cargas policiales. El colmo de la ignominia. Yo al menos desde aquí exijo su cese. En definitiva, llevo meses insistiendo sobre la necesidad de haber aplicado el artículo 155 de la Constitución porque se estaba gestando un movimiento insurreccional de gran alcance. Si esa decisión se hubiera tomado a tiempo es seguro que el 1 de Octubre no se hubiera producido. Ahora, si se recurre a él será a rebufo de una rebelión que se podía haber evitado y de una trama golpista que lleva la iniciativa por culpa de un puñado de gobernantes y políticos cínicos, desleales o cobardes que han sido incapaces de cumplir su deber con inteligencia, gallardía y dignidad. Solo se salva el discurso valiente de Felipe VI. Que nadie pues se equivoque y menos aun el Partido Popular. El pueblo español pasará factura en su momento. Este es el clamor de la calle.

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