TENEMOS LA CIUDAD QUE NOS MERECEMOS

Cap i casal

El vandalismo gratuito es estúpido y en ocasiones se basa en la falsa creencia de que lo público es gratuito

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Lo último han sido las torres de Quart pero podrían ser perfectamente cualquier rincón del centro histórico, un tramo del viejo cauce o las esculturas-fuente del parque de Marxalenes. El vandalismo, las agresiones al patrimonio histórico, los actos de violencia en suma, han ido a más los últimos años y reflejan la peor imagen posible de una ciudad, el reverso del pueblo donde lo normal era dejar abierta la puerta de la calle y proteger el acceso del hogar apenas con una cortinilla para las moscas.

El incendio de las torres de Quart tiene además otra connotación, como es la falta de actuación de la Administración pública sobre la mendicidad que ha tomado todo tipo de espacios públicos. ¿De verdad no se puede hacer nada para impedir que pongan colchones y enseres de todo tipo entre las columnas medievales del jardín del Hospital?

¿De qué sirve destinar fondos públicos a una costosa excavación arqueológica, debatir durante años sobre el diseño del jardín y aprobar un millonario presupuesto si después permitimos que se convierta en una mera letrina al aire libre?

No corresponde a los vecinos contestar a estas cuestiones. Tampoco lo voy a hacer. Es una obligación de los representantes políticos elegidos, que para eso cobran un sueldo público, y no hay que ser muy listo para adivinar que si un indigente duerme cada noche en un portal de las torres de Quart, tiene todos los números para que tarde o temprano se produzca una tragedia.

Es también una cuestión de concienciación ciudadana, educación, civismo o como queramos llamarlo. Lo pienso al recorrer el parque de Marxalenes, en mi opinión el más completo de Valencia al albergar una alquería maravillosa, un camino medieval restaurado a la perfección, una antigua estación del trenet y hasta una aceitera que está en proceso de rehabilitación. Pero también contiene los signos del vandalismo en las 16 fuentes-escultura colocadas en su día.

Están secas, sucias y llenas de pintadas. Algunas son muy sencillas pero otras tienen cierto mérito artístico, aunque la mano que empuñaba el espray no supo apreciarlo. Están así desde hace demasiado tiempo y no parece que la cosa vaya a mejorar. Por lo menos, el Ayuntamiento está sustituyendo las farolas de diseño reventadas a pedradas por otras de fundición que incorporarán las últimas innovaciones en materiales antivandálicos.

Es la ciudad que nos merecemos, sin duda. El cristal fino está hecho para el cap i casal, lo mismo que ocurre con las fachadas de edificios protegidos y centenarios que han sobrevivido en Ciutat Vella el paso del tiempo y que ahora están cubiertos por las pintadas, grafitis que se merecen todos los calificativos posibles menos el de artístico.

Recuerdo que uno de los responsables de la Casa de la Caridad me dijo una vez que el secreto de que los indigentes respetasen el comedor y el resto de las instalaciones es que todo debía estar impoluto, para que sintieran que su mancha era la primera y, por lo tanto, la más notoria.

Ese truco funcionaba a la perfección pero no tengo claro que se pueda aplicar a una ciudad. Tampoco es que el Ayuntamiento haga un esfuerzo añadido para mejorar la situación actual, salvo algunos parches al final del presupuesto, como ocurrió el pasado año. ¿Cómo puede ser que hayan pasado dos años y medio del mandato sin que se haya ejecutado ninguna mejora en el entorno de la muralla musulmana? ¿Existe algún secreto que ignoramos para que el edificio municipal de la plaza Doctor Collado, junto a la Lonja, siga estando en ruinas? ¿Y la Casa del Relojero con el solar anexo en la calle Micalet?

Un gobierno municipal tan aficionado a defender la cirugía urbana, pequeñas intervenciones para que nadie ose hablar de que optan por los denostados grandes proyectos, debería ser más ágil para eliminar este tipo de lacras, que se han pegado al paisaje de la ciudad como algo crónico e irremediable.

Nos hemos pasado los últimos meses hablando de las reforma de la plaza Ciudad de Brujas, la plaza de la Reina o el Cabanyal, por no hablar del parque en la desembocadura del cauce que sueñan los vecinos de Nazaret. ¿Conseguirá el Consistorio algo de esto cuando no es capaz de resolver algo tan sencillo como un puñado de solares en el entorno de la fortificación musulmana? Tengo muchas dudas de que lleguen a buen puerto cualquiera de estas iniciativas.

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