CINCUENTA AÑOS

F. P. PUCHE

LA VALENCIA QUE YO HE VIVIDO

Hoy hace cincuenta años, las páginas de LAS PROVINCIAS dieron cabida, por primera vez, un trabajo del que ahora firma esta sección. La familia estaba conmovida: el abuelo guardó la página y la madre se emocionó, mientras lo comentaba con las vecinas. Y el responsable del asunto, un irresponsable que no llegaba a los 22 años, se preguntaba ante el papel, con los ojos como platos, cómo era posible tanta felicidad.

Los exámenes finales en la Escuela de Periodismo de Madrid se realizaron en junio de 1967, durante los días tremendos en los que el mundo estaba asistiendo a las consecuencias de una guerra relámpago en la que Israel había hecho frente a cuatro países enemigos y los había vencido sin despeinarse. Moshe Dayan, el guerrero del parche de cuero en el ojo izquierdo, era el nuevo David, vencedor del gigante Goliat. Así las cosas, la prueba de editorial, buena parte de los comentarios con los miembros del tribunal y desde luego el ejercicio final de reportaje radiofónico tuvieron como tema la inevitable guerra que fue llamada de los Seis Días.

Es aquí donde debo dar las gracias a un gran benefactor, Luis Torres, que hace medio siglo era uno de los grandes maestros del montaje musical que Radio Nacional de España tenía en Valencia. Porque viendo el panorama de Oriente Medio, acertó a darme los títulos, incluso los movimientos y pasajes, de media docena de grandes partituras del sinfonismo internacional que me vinieron como anillo al dedo para ilustrar el guión para la radio de una guerra trepidante, certera y de consecuencias imprevisibles.

Con el título de periodista en el bolsillo, el neófito se plantó, a finales de junio de 1967 en la vieja redacción de LAS PROVINCIAS, en la Alameda, y pidió audiencia con el director, don José Ombuena. Aquel primer día es de los que no se olvidan: si me impresionó ver a mi maestro José María Cruz Román en su despacho, todavía fue más apabullante estrechar la mano fría y tímida del redactor-jefe, el poeta Vicent Andrés Estellés, atrincherado tras una mesa rebosante de teletipos.

No es fácil resumir lo ocurrido, ni mucho menos conseguir que los periodistas de hoy, o cualquier joven recién licenciado, acepte sin reparos lo que me ocurrió. Pero el caso es que el director escuchó mi balbuceante petición de trabajo, me miró un par de segundos, echó mano de su pipa y dijo apenas cuatro palabras: «Pues venga usted mañana». «¿A qué hora es la costumbre?», respondí desde la incredulidad. «Déjese caer a eso de las siete de la tarde», oí decir tras una aromática nube de humo.

Así empezó, ni menos ni más, mi relación de medio siglo con este diario y con sus lectores, una relación apasionada en la que debuté, el 8 de julio de 1967, entrevistando a un personaje especialmente entrañable y que con el tiempo habría de tener honda presencia en esta casa: el catedrático de Derecho Mercantil Manuel Broseta Pont. Y es que el joven profesor era coordinador de unas Jornadas de Estudio sobre la Economía Valenciana, sus problemas y su futuro, patrocinadas por la fundación PREVASA (Promociones Económicas Valencianas)

Las Jornadas de PREVASA, vistas 50 años después, resulta que fueron no solo el lanzamiento público de un joven y prometedor profesor, sino la simiente de muchas de las inquietudes que la sociedad valenciana habría de tener y, de hecho, todavía tiene. ¿A qué debemos dedicar nuestros desvelos, proyectos e inversiones? ¿Cuál es el futuro de la economía valenciana, cuáles sus sectores preferenciales? Esas cuestiones llenaron las reflexiones de unas Jornadas que examinaron finanzas, agricultura, industria y servicios con la pretensión de saber para qué estamos dotados y cuáles son nuestros puntos débiles. Todo ello, claro está, desde la visión, libre y descomprometido, de una cátedra universitaria, al margen de los rígidos mecanismos oficiales del sindicalismo vertical que en 1967 lo llenaba... casi todo.

Fotos

Vídeos