Cien años que estremecen al mundo

AMADEU SANCHIS Y ROSA ALBERT EUPV

Hablar de la revolución de octubre de 1917 cien años después, es un reto tan apasionante como complicado a la vez. Se trata de poder hacer una titánica síntesis entre el contexto histórico, su justificación política, su alcance en la historia de la lucha entre oprimidos y opresores tan antigua como la humanidad, así como se fue apagando su impulso hasta su eclipse total en 1991. Al menos en apariencia.

Hace cien años que en la ciudad rusa de Petrogado, anteriormente San Petersburgo, el soviet local compuesto por obreros y soldados tomaba el Palacio de Invierno, haciendo así realidad, por segunda vez en la historia, después de la toma de la Bastilla, el fin de un régimen autocrático por la fuerza de las armas en mano del pueblo.

Con este hecho, más simbólico que otra cosa, pues realmente la revolución se desarrollaría en los días siguientes acabando realmente en 1922 después de una cruenta guerra civil, se iniciaba la construcción del primer Estado socialista de la historia. Así, a través del Partido Bolchevique organizador real de la Revolución, los obreros y los campesinos procedían a la toma del poder, para así hacer realidad las tres proclamas por las que habían hecho la revolución: Paz, pan y tierra.

La construcción del socialismo había sido teorizada en el siglo anterior por Marx y Engels, de tal manera que apuntaban a que éste se iniciaría allí donde la clase trabajadora industrial fuera mayoritaria, esto es en Gran Bretaña y Alemania fundamentalmente. Pero con Lenin, revolucionario ruso, miembro del ala mayoritaria (bolchevique) del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, esta teorización daría un giro de 180 grados.

Así, el marxista revolucionario ruso destacó que aunque en Rusia no había completado su revolución industrial, era el momento de aprovechar la debilidad de una burguesía minoritaria y una aristocracia podrida por la corrupción, para revisando las tesis de Marx, realizar una revolución que pusiera a la incipiente clase obrera en el poder, y protagonizara ella el gran salto a la modernidad de Rusia.

Así la revolución convirtió a Rusia en la URSS, primer Estado federal de la historia, reconociendo el derecho de la autodeterminación de los pueblos como reflejo de la plurinacionalidad del extinto Imperio de los Romanov. Además fue el primer Estado que aprobaba el sufragio femenino, así como el aborto legal y el divorcio en condiciones de igualdad para la mujer. Se prohibió el trabajo infantil, se redujo la jornada laboral a 40 horas, y la cultura se convertía en vanguardia social.

Después vinieron los años 30, el estalinismo, las purgas y los procesos de Moscú sin garantía alguna. Una ausencia de libertades que recorrería la historia de la URSS hasta la llegada de Gorbachov en 1985. Pero también, y a la vez, la victoria aplastante contra el nazismo, con cerca de 30 millones de muertos, la conquista del espacio, la ayuda a la liberación de las colonias, descubrimientos científicos únicos, una sanidad y educación a la cabeza de los índices de Naciones Unidas.

Cien años en los que, con el triunfo de la contrarrevolución neoliberal, el impulso que parecía agotado en los años 80, se descubre ahora renovado frente a las injusticias, que como en 1917, deben ser superadas por la historia.

Fotos

Vídeos