Fin de ciclo

El Gobierno de Rajoy no comprende lo que le ocurre, como si se negara a reconocer la veracidad de las encuestas

CURRI VALENZUELA

El PP se está pareciendo cada día más a aquel PSOE de Felipe González que agonizaba en los años noventa en medio de dos grandes lastres que había ido almacenando a lo largo de sus años en el poder: la corrupción y el cansancio de sus dirigentes.

Para suerte de los ciudadanos, España continúa funcionando. La economía crece al 3% y el empleo sigue aumentando. La teoría según la cual es necesaria una estabilidad política notable para que mejoren las condiciones de vida ha resultado ser falsa. En 2016, el año que mayormente vivimos sin Gobierno, el crecimiento económico fue tan notable como el año anterior y el de después. Los expertos internacionales nos comparan ya con Italia, un país boyante a pesar de vivir desde hace varios lustros sin una clase política digna.

El Gobierno de Rajoy no comprende lo que le ocurre, como si se negara a reconocer la veracidad de las encuestas que le proporcionan los institutos de opinión, todos los cuales andan vaticinando que es muy probable, si no una realidad a estas alturas, que Ciudadanos les gane en las próximas elecciones generales. Ya les ha vencido en Cataluña y ayer mismo el CIS andaluz señaló que el partido de Rivera quedará segundo, detrás del PSOE, en las autonómicas del año que viene, un varapalo considerable para unos populares que hace seis años estuvieron a punto de lograr la mayoría absoluta.

La corrupción no cesa de aportar titulares. El consuelo de que los casos que ahora se juzgan ocurrieron en un pasado más bien lejano es una verdad a medias. Los escándalos de Madrid o de Alicante están en proceso de instrucción y se refieren a posibles delitos cometidos cuando ya había explotado la Gürtel o el caso Barcenas, lo que hace muy difícil de explicar por la cúpula del PP por qué no se cortó por lo sano y se rompieron amarras con las manzanas podridas que continuaban agujerando su fama de partido eficaz en la gestión del dinero público.

En minoría parlamentaria, el Gobierno no parece tener más plan que el de aguantar a que se agote la legislatura y una mayoría suficiente de españoles calculen cuando sean convocados a las urnas que económicamente les va a ir mejor si ellos continúan en el poder. No le cabe en la cabeza que la gente vaya a creer que Albert Rivera está preparado para gobernarles, el jefe de ese partido que, proclaman los argumentarios que se fabrican en Génova, cambia de criterio a cada minuto y no tiene ni idea de a dónde quiere llevar este país.

La consigna de atacar a Ciudadanos no parece estar llevando al PP a ninguna parte. Sus encuestas van de mal en peor mientras se reducen las posibilidades de que Ciudadanos apruebe los Presupuestos sin los que Rajoy no puede aguantar dos años más. Es que les falla la comunicación, explican en el partido. Una vieja excusa: cuando se culpa a la comunicación es porque lo que está fallando es la política.

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