Chirigotas de punta a punta

Los soberanistas catalanes se han molestado por una sátira en los carnavales de Cádiz sobre Puigdemont y llegan a decir que es delito de odio

VICENTE LLADRÓ

Cataluña está, por así decirlo, en una punta de España. En lo físico, queremos decir. O sea, en la punta nordeste de la parte peninsular. Así como Cádiz viene a quedar en el lado opuesto, más o menos; en la otra punta, como suele decirse, el sur más al sur. Y allá abajo, en la fase preliminar del concurso de chirigotas carnavalescas, la actuación de la chirigota de Chiclana 'La Familia Verdugo' ha venido a armar la marimorena, desatando un gran debate a nivel nacional y provocando el mayor de los enfados entre los independentistas catalanes, que llegan a hablar de delito de odio y todo.

La chirigota en cuestión parodia, en resumen, la actuación de Puigdemont durante los últimos meses, habla de traición, lo somete a una caricaturesca guillotina, lo tilda de llorón y se pregunta al público por el veredicto final, sentenciando que se le salve la vida tras haber pedido perdón por sus actos.

Quienes se cogen berrinches de alto copete por verse criticados en ámbitos satíricos como el de los carnavales de Cádiz, no sólo demuestran que perdieron el sentido del humor por el camino y carecen del necesario sentido crítico (y autocrítico) para estar en las cosas públicas, sino que además inciden en su alejamiento de la realidad.

'Son de la fel amarga', se dice por aquí de quienes andan a menudo avinagrados y a la vista de todos se esfuerzan por actuar con desaire y enfado persistente, como dándose aromas de superioridad y poniendo distancias; cogiéndosela con un confeti. ¿Qué se habrán creído?, piensas que piensan. Y todo eso es lo que más o menos interpretamos que han venido a señalar desde el lado del soberanismo catalán contra la chirigota gaditana que ha tenido a bien (sí, a bien) sacarle punta a lo de Puigdemont. Porque si no está el carnaval para esto, a ver para qué. Por algo estuvo prohibido durante el franquismo. Al poder totalitario no le viene bien la mofa, verse en el espejo de la sátira popular. Y como tiene el poder total, actúa. Pero ahora estamos en otros tiempos, cosa que no deben de acabar de entender los de 'la fel amarga'.

Pues que se esperen a las Fallas, que están a la vuelta de la esquina, y seguro que tendrán nuevos motivos para sentirse más molestos y hablar de supuestos delitos de odio. Se hacen apuestas: a ver cuántas fallas tocan el asunto del independentismo catalán y los sucesivos acontecimientos de vodevil. Cójanlo como una especie de referéndum.

Quienes se soliviantan con tanta facilidad deberían percatarse de que lo de Cádiz no es algo aislado, sino la muestra actual de lo que es un clamor: de punta a punta, en toda España. De lado a lado, en todo el país se hace chanza de Puigdemont y adláteres; el ingenio no para de aflorar en nuevos chistes, actualización de antiguos y composiciones que circulan por las redes sociales. ¿Acusamos de odio a millones de ciudadanos que se parten de risa? Mejor sería que los causantes se dieran cuenta de lo que provocan y cesaran de dar motivos.

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