EL «CHIQUET» DE LA CLASE

TEODORO LLORENTE FALCÓ

LA VALENCIA DE HACE UN SIGLO

Este «chiquet» es hoy un respetable artista, que sino es setentón le faltará poco para serlo, pero que todavía conserva el alma joven, y tampoco puede quejarse de que no le acompañen las fuerzas físicas. Nos referimos a Vicente Novella.

Este Vicente Novella, o «Novelleta», como cariñosamente le llamaban hace años sus compañeros de arte y sus más íntimos amigos, comenzó su carrera artística siendo poco más de un niño, allá por el último tercio del pasado siglo, cuando el Ateneo Científico tenía su casa social en la Plaza de Mirasol, y había en el segundo piso de la casa una amplia dependencia destinada a clase de acuarela, a la que iban Ignacio Pinazo, Juan Peyró, Pepe Benavent, Nicolau Cotanda, Nicolau Huguet, Ricardo Alós, Antonio Yerro, Cebrián Mezquita, Vicente Borrás, Enrique Blay, Pepe Genovés, Peris Brell... ¡Qué lista tan lúcida de artistas! ¡Y cuán pocos quedan de ellos! Posiblemente sólo el último.

A esta clase, de altas mesas llamadas «porreteras»y faroles de petróleo, para ingresar en la cual se precisaba ser socio del Ateneo, iba un muchacho de doce a catorce, a quien se le eximía de ser socio por la sencilla razón de que no tenía la edad para serlo, y al cual no tardó en aplicarsele el remoquete del «chiquet» de la clase.

Este muchachito, como hemos dicho antes, era Novella, que ya demostraba su espíritu inquieto y la vivacidad de su ingenio, alternando en las bromas de toda aquella pléyade de artistas, en las que siempre desempeñaba un buen papel.

Todos los años los socios de la clase de acuarela organizaban una fiesta humorística en los salones del Ateneo. Era una fiesta que se esperaba con gran interés y que venía a ser como el plato desempalagador de aquellos cursos de las secciones en que se debatían temas fundamentales de la vida española con discursos campanunos.

Recuerda el articulista que un año, para una de estas sesiones humorísticas, se anunció la visita de varias notabilidades musicales, y entre ellas la de una eminente violinista rusa de quince años.

Llenóse el salón de socios, y a poco presentáronse perfectamente caracterizados siete u ocho artistas de la citada clase, vestidos muy propiamente, y algunos con el instrumento de su especialidad. Con este grupo iba la joven rusa, con su traje de corte y una hermosa cabellera que daba gran realce a su camuflada belleza. La violinista en cuestión era... Vicente Novella, el «chiquet» de la clase.

No quedó reducida la velada a la presentación de los «músicos», sino que hubo concierto, y la «joven rusa», con un pito de goma y piel, muy en boga entonces para imitar el canto, ejecutó varias piezas, entre el aplauso y el alborozo de los concurrentes.

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