LA CHAMPIONS QUE VIENE

KIKE MATEU

Ya saben que tengo por costumbre opinar antes de que pasen las cosas y no esperar al domingo a las doce de a noche para hacer la quiniela ya con todos los resultados claros de la jornada. Que así se acierta siempre. Y, en esa línea de riesgo y sinceridad, les confieso lo que pensé el domingo pasado tras la disputa del derbi: «El Valencia acaba de asegurar su plaza Champions». Ya sé que quedan todavía por delante 15 largas jornadas del campeonato en las que por supuesto habrá mucho que pelear pero, para mí, el del domingo no era un partido más.

El Valencia afrontaba el duelo liguero más complicado de la temporada. El que venía después del partido más importante del año. Con la ilusión que había puesta en la final de Copa que terminó en decepción, tristeza y eliminación a manos del Barça. Y, al desgaste físico y psicológico de un partido jueves noche de ese nivel que acaba en derrota, había que sumarle una nueva lista de lesionados. Y la ya antigua lista de derrotas acumuladas entre enero y febrero, claro. Todo un cúmulo de circunstancias que convertían este último derbi en una trampa mortal.

Pero ganar, en cambio, suponía reabrir la brecha de puntos con un Villarreal que perdía el sábado y que empieza ahora su Tourmalet europeo además de mantener siete puntos sobre un Sevilla al que espera el United de Mourinho en Champions. Y, puestos a completar la clasificación, ganar recuperaba la tercera plaza a costa del Madrid. Y el Valencia ganó. Y ganó bien en un día muy difícil. Fue mucho mejor que el Levante y mereció el triunfo sin necesidad de mirar al colegiado y sus ineptitudes habituales. No se sorprendan de que se inventara una falta que no existió o que se comiera un penalti como la catedral de Burgos. Es el mismo que pitó al Valencia en Getafe: un mono con pistolas.

Ahora vuelve el ansiado domingo a domingo. Podrán recuperarse con calma los lesionados, el Valencia ya ha jugado ante segundo y cuarto de la liga y todos sus rivales champions juegan en febrero todo lo que el Valencia sufrió en enero. Pasó la tormenta sin perder la tercera plaza.

Una cosa más del derbi. Ayer entrevisté en la radio al pobre chaval agredido a la salida de Mestalla. Su relato de cómo la hebilla de un cinturón le abre una brecha en la cabeza en mitad de la calle es estremecedor. Sus cobardes agresores, los clásicos encapuchados para no ser reconocidos que se esconden tras el fútbol para mostrar lo miserables que son, no representan al Valencia y no me cansaré de repetirlo: a la calle y a la cárcel con este tipo de violencia disfrazada de balón. Porque sinceramente mañana te puede tocar a ti. Porque esto no va de fútbol o colores.

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