O CÉSAR O NADA

MIQUEL NADAL

O César o nada. «Aut Caesar aut nihil». La frase de las legiones a César antes de cruzar el Rubicón, y que aparecería en la hoja de la espada de César Borja. Para definir el estado en que nos encontramos nada es más útil que la comparación con el tiempo atmosférico. Si la medición en grados refleja la temperatura objetiva, que en la competición son los puntos de la clasificación, hay otro elemento esencial, la sensación térmica, afectada por la humedad o el viento, que en el fútbol se refleja en la percepción y el estado de ánimo de la grada, de las ruedas de prensa de Marcelino, o de ese campo que por fin festeja la batuta de Parejo sobre el desarrollo de los partidos. La clasificación dirá lo que diga a final de curso, pues la previsión en el fútbol no es ciencia exacta, pero es evidente que el arqueo de este primer semestre desprende ilusión, recuperación de la asistencia a Mestalla, sonrisas en el césped, festejos de los goles sin reproches. Una sensación de confort que explica mi presencia en Mestalla el jueves en la vuelta de la Copa, de prevención de la activación del pase a resultas del sorteo de entradas para una hipotética final. Viniendo de dónde venimos no cabe esperar más, y pretender ya la obtención de títulos una bendita ilusión que servirá para reconciliar a toda una nueva generación en la militancia con el Valencia C.F. En vistas al Centenario, y en comparación con nuestro aterrorizado discurso de la temporada pasada, temeroso de una sórdida celebración jugueteando con el descenso, el optimismo que desprende la dirección técnica de la plantilla es el mejor signo para una nueva generación de aficionados más consciente y responsable. Capaz de la ilusión, el compromiso y la euforia un tanto descerebrada que siempre nos ha caracterizado, pero vacunada ya contra el humo inconsistente. Los que hemos visto celebrar títulos no tenemos urgencias y debemos ceder el protagonismo a esa nueva generación, la que podrá decir que vio debutar a Ferran Torres en una eliminatoria de Copa, y celebrar el gol de Rober Ibáñez con afecto y generosidad. Son ellos los que merecen ser protagonistas de la ilusión. En marzo de 1934, desde estas mismas páginas, Santiago Carbonell, Sincerator, tras la victoria sobre el Racing de Santander por 7 a 1, se preguntaba si ya estaba aquí el equipo copero, y definía al Valencia como equipo esencialmente de campeonato de España como equipo de nervio. «De inspiración más que de regularidad». «No es equipo el Valencia de medias tintas. O César o nada». Reflejando la victoria afirmaba que el domingo había comenzado a ser César. Aquel año el Valencia llegó a su primera final, la que se disputó el 6 de mayo de 1934 en Montjuïc desatando la euforia, inaugurando un historial de ambición. A falta de Rubicón, crucé Primado Reig diciendo O César o Nada.

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