Cerrado por vacaciones

BORJA RODRÍGUEZ

Es como si hubieran dado la voz de alarma. La ciudad desierta, tranquila, silenciosa y abandonada por sus moradores. Valencia descansa ya bajo la intensa humedad y el castigador sol de julio. Fue ayer noche cuando me percaté del nuevo estado de la capital. En mi recorrido en moto por la plaza del Ayuntamiento y al paso bajo la pancarta de turno colocada en el balcón del Consistorio, observo la inexistencia de tráfico de coches. Alguno pensará que las bicicletas han tomado la ciudad, pero lo cierto y para pena del concejal Grezzi, no era así. Muy poca gente por las aceras, nada sobre el asfalto. Avanzo por la calle Barcas, Parterre y giro hacia el puente de Calatrava. Recorro las terrazas de la Alameda y confirman lo que pensaba: la gente ha huido. Echando la vista atrás de unos años a esta parte, se ha incrementado este efecto motivado por la ligera mejoría de la situación económica. El españolito en cuanto tiene un euro en el bolsillo y siente un mínimo de seguridad, pica espuela que se las pela. El que tiene segunda residencia lleva instalado en ella algunas semanas y el que no, intuyo que ha hecho las maletas. Quedamos los que somos fieles a cumplir con la desconexión en el primero de agosto, conocido también como inicio oficial de las vacaciones. Todo preparado para disfrutarlas, incluyendo todos los dispositivos digitales. Además de seguir la información 'seria' a través de los medios habituales, no me puedo perder los reportajes de postureo vacacional del personal en las redes sociales. Es uno de los placeres del verano: fotos de paellas, primeros planos de pies con fondo de mar, colchonetas con forma de cisne o donut rosa en piscinas y los clásicos de rostros sacando morritos. No hay brecha que separe nuestra vida privada de lo público. En contra de lo que muchos piensan, disfrute de la conexión digital en vacaciones, caramba.

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