Los cerdos que viven con nosotros

FERRAN BELDA

El gerente de la Entidad Pública de Saneamiento de Aguas Residuales (EPSAR) Enrique Lapuente presumió en un debate sectorial celebrado meses atrás de que las aguas negras del 99,9% de la población de la Comunidad Valenciana son sometidas a una correcta depuración. Mucho me parece, pero bueno. No vamos a discutir ahora por eso. Lo que no dijo el responsable de este comedero de la Generalidad dependiente de Compromís es que no hay quien depure las aguas mayores y menores del millón largo de cerdos que también vive y hoza en la Comunidad Valenciana. Y la última decisión adoptada por la EPSAR a este respecto no añade más que gravedad a esta cuestión. Les cuento. Carlos Fabra invirtió 11,5 millones de euros en la creación de una red de plantas para el tratamiento de los purines que se generan en las 400 granjas porcinas existentes en la provincia de Castellón. Es decir que si Harry Truman estaba en lo cierto sobre la consideración que los aspirantes a presidente debían sentir por los cerdos Fabra podía haber aspirado perfectamente a ocupar la Casa Blanca. El problema es que, de las cinco refinerías que construyó entre 1999 y 2000 en colaboración con la iniciativa privada, tres no debieron purificar muchos metros cúbicos de inmundicia porque cerraron en un pispás. Una no llegó a cumplir los cuatro años en activo. Y la única que aguantó el tirón, la de la Todolella, funciona poco y mal, si damos por fundada la denuncia de una entidad que la acusa de no tratar, ni someter a proceso alguno a los excrementos que recibe. Con el agravante de que cuando en 2014, la corporación provincial, siendo ya presidente Javier Moliner, decidió admitir el fiasco y rescatarlas, se encontró con tal follón registral que no quiso poner pie en pared. Renunció en consecuencia a actuar contra la concesionaria por manifiesto incumplimiento de contrato. Le abonó una indemnización de 600.000 euros. Le devolvió además la fianza, 1,1 millones, a pesar de que las instalaciones se encontraban en un estado lamentabilísimo. Pelillos a la mar que la oposición califica de socialización de las pérdidas. Y ahora va a hacer un pan como unas tortas porque, desesperada como está por cerrar este sombrío capítulo de su historia, pidió ayuda a la EPSAR y ésta se ha brindado a colaborar con ella con la condición de que aplique una solución que eleva a definitivo el vertido indiscriminado de purines. No en vano consiste en adaptar la mayor y más saqueada de estas plantas, la de Vall d'Alba, para el tratamiento de lodos de depuradora y, en menor medida, de purines y de restos de poda -un fracaso allá donde se ha intentado implantar-. Y, a lo sumo, convertir en cooperativa la de la Todolella o cedérsela a la Unió de Llauradors i Ramaders por si la quiere mantener en explotación para atender las necesidades de sus afiliados. Con lo que la contaminación acuífera irá en aumento.

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