OTRA VEZ EL CENTRO

Los barrios de Ciutat Vella son una olla a presión donde hablan de tráfico caótico, degradación y turismo sin control

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Ya no es un privilegio vivir en el centro, por mucho que el Ayuntamiento intente cambiar el 'paradigma'. Cada teléfono que descuelgo es para recibir la llamada de un vecino con una larga lista de quejas y reivindicaciones. Los toxicómanos se pinchan en los parques de Velluters, el jardín del Hospital es un albergue de mendigos que pasan la noche al raso, el tráfico es un caos y hay que circular varios kilómetros para dejar el coche en el garaje o lo único que se está haciendo en el barrio del interlocutor son apartamentos turísticos.

No es de extrañar que 14 asociaciones firmaran juntas una petición de reunión con el alcalde Joan Ribó y los concejales implicados (será el 11 de enero), donde le expondrán sobre todo lo relativo a la gestión del tráfico y el urbanismo aunque inevitablemente saldrán a colación todas las cuestiones citadas.

Una foto tomada desde una vivienda en la calle Recaredo precede a la llamada. Toxicómanos pinchándose en un jardín, donde seguramente la jeringuilla quedase oculta entre las hojas sin barrer con el riesgo que supone para los niños que jueguen en el lugar poco después. Todos los pasos que se habían avanzado los últimos años en la lucha contra la prostitución callejera y el cierre de bares se han dado hacia atrás, insisten, poniendo como ejemplo la reunión que mantuvo la pasada semana la Policía Nacional y la Policía Local con los representantes vecinales. La cosa está que arde y el tono fue de reproche, por decirlo suave.

La gestión, palabra maldita este mandato, es la clave de responder a las quejas vecinales. La asociación Amics del Carmen asegura que la ordenanza de terrazas no se cumple en el barrio y en Velluters echan en falta cada vez más las habituales patrullas policiales. Y no es que el Ayuntamiento carezca de dinero, todo lo contrario, hay más que nunca.

Gastar dinero público es difícil y lo que ocurre en Valencia es la demostración empírica. Asegura el alcalde Ribó cada vez que puede que el plan de ajuste del Gobierno (el famoso corsé de Montor) le impide planificar como él quisiera. A la vista de la ejecución del presupuesto municipal, no puedo estar de acuerdo, al menos en todos los extremos.

Llegar a una ejecución del 40% el próximo 31 de diciembre de los 148 millones de euros reservados en el presupuesto no es para brindar estas navidades. Hay funcionarios de sobra para sacar adelante más proyectos y las contrataciones de interinos refuerzan esa opción. Demasiadas partidas de las concejalías están a cero cuando sólo falta un mes para acabar el ejercicio y no hablo de las que se aprobaron en julio sino de las anteriores.

El viernes dediqué un rato a pasear por el jardín de Viveros para comprobar el estado de la ampliación del parque. La obra nueva contrasta con la ruina de la 'non nata' agencia de lectura de Trinitat, con 160.000 euros esperando a que finalicen los trámites. La zona verde abrió hace meses pero el pequeño edificio símbolo de la descoordinación en el Consistorio(se construyó en el anterior mandato sin acceso) sigue en estado de ruina, saqueado. Al menos no hay ocupaciones ilegales como las hubo.

Hay más ejemplos, como lo ocurrido en la calle San Vicente Mártir, donde el gobierno municipal cometió el error de construir un carril bici sin un plan integral de reurbanización. Las obras abandonadas por la empresa son otro símbolo de las chapuzas municipales.

Fuera del centro, estos días ha sido noticia la queja de la asociación de vecinos del Cabanyal por el retraso del tripartito en decidir qué hacer con las viviendas públicas, ahora en ruina. Una protesta que duele especialmente en el tripartito porque varios ediles son miembros de Salvem el Cabanyal. Pero las verdades hay que decirlas y el reloj sigue sin pausa. Menos de dos años para el final del mandato, tic-tac.

La coordinación es una de las claves y el mismo interlocutor me apunta una anécdota que arroja mucha luz. En una de las primeras reuniones del mandato, afirma, uno de los asesores del tripartito soltó en una reunión que debían hacerlo todo deprisa, no fuera que no pudieran repetir gobierno en el Ayuntamiento.

Eso lo decidirán los electores y la Ley d'Hont en mayo de 2019, pero la vía de la precipitación no es la más idónea para repetir, sobre todo cuando los asuntos importantes, como el de las viviendas municipales en el Cabanyal, han entrado en vía lenta sin solución para su ruina.

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