¿Cautivo y desarmado?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Los mensajes de Puigdemont a través del móvil no han venido más que a ratificar lo que ya era un evidencia incontestable: el procés independentista, el desafío soberanista catalán al Estado español, la Constitución del 78 y la legalidad vigente, ha terminado en un sonoro fracaso. Pero la cuestión ahora es cómo cerrar este capítulo tan negro de la reciente historia de España y de Cataluña, cómo pasar página y cómo encarar un conflicto que sigue vivo, no porque el expresident continúe en Bruselas sino porque hay dos millones de catalanes que no parecen dispuestos a renunciar a su aventura, cueste lo que cueste, dure lo que dure.

Escribía el pasado miércoles en La Vanguardia el exconseller catalán Santi Vila -el que se bajó del tren en marcha en el último minuto, justo antes de que descarrilara- un artículo ('Rehenes') que merece la pena ser analizado. El título es el mismo que el de una película de 2017 del director Rezo Gigineishvili que narra la peripecia de un grupo de jóvenes de la Georgia soviética que en la década de los ochenta intentan fugarse a Occidente en busca de la libertad que la dictadura comunista les niega en su país. Siendo como eran de una familia acomodada, de las llamadas 'del régimen', nadie en su entorno entendía su empecinamiento por marcharse, por abandonar lo que para algunos (unos pocos) era el paraíso. Afortunadamente, Vila no establece un paralelismo entre la Georgia soviética y la Cataluña española: «España es hoy un país de colores, una democracia madura y rica. La Georgia bajo el yugo de la URSS era una sociedad metálica, una dictadura asfixiante y pobre», señala en el artículo. Pero sí que ve una similitud en la actitud sobre todo de los jóvenes que quieren romper con el Estado y los mayores que no entienden su tozudez, reflejo de la brecha generacional que se ha abierto en la comunidad autónoma y que también se puede apreciar en el conjunto de España cuando llegan las elecciones (las nuevas generaciones votan Podemos o Ciudadanos mientras el PP y el PSOE consiguen la mayor parte de sus votos entre los mayores de 50 años).

«España necesita urgentemente volver a ofrecer a los catalanes un proyecto político inclusivo y estimulante, capaz de ir mucho más allá de la resolución de las simples aspiraciones materiales de sus conciudadanos y generador de nuevas y renovadas esperanzas personales y colectivas», concluye Santi Vila. ¿Y eso cómo se hace?, cabría preguntarle. ¿Federalizando (aún más) la estructura territorial? ¿Con un concierto catalán? El procés está derrotado pero no estaría de más que en Madrid se abandonara el lenguaje épico a la búsqueda de una solución de futuro, no de un parche para unos meses. La guerra, en definitiva, no ha terminado.

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