Cataluña y Sinatra

He imaginado lo que le diría a Torra a la cara si se lo tropezara. A su manera

VICENTE GARRIDO

Horrorizado por el nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, no me cabe duda de que estamos viviendo una película de terror. En ningún país del mundo civilizado podría ser elegido un sujeto que tiene como ideario ideas racistas y xenófobas sin disimulo alguno. Pero no me quiero deprimir: el pasado lunes se cumplió veinte años de la muerte de Frank Sinatra, y miren por dónde me sumí en la nostalgia de mis años jóvenes en una Cataluña que todavía era sinónimo de libertad y acogida, como dijo Vargas Llosa en su discurso después de la manifestación masiva celebrada en plena deriva independentista por esa otra mitad que, ahora mismo, está amenazada de persecución y ostracismo como nunca antes lo había estado. La relación de Sinatra con Cataluña es bien conocida, porque allí se alimentaron sus celos dentro de una relación de 'amor fou' que ya ha pasado a la historia: Ava Gardner rodaba en la Costa Brava 'Pandora y el holandés errante', junto al torero y 'bon vivant' Mario Cabré, y allí se fue Sinatra a poner orden.

Al final de su carrera, el tres de junio de 1992, Sinatra llenó el Palau San Jordi en una actuación memorable, desgranando canciones inmortales de casi sesenta años de triunfos. Aprendí a amar su música al entrar en la universidad, al inicio de la Transición, en los años en que conocí por vez primera Barcelona y sus 'drougstores' de las Ramblas que no cerraban por la noche, el Nou Camp y la nueva sensación llamada Johan Cruyff, y tantos otros lugares que me fascinaron en comparación con una Valencia que en aquellos años todavía estaba lejos del tren de la modernidad.

Sinatra fue un hombre complejo, un fiel reflejo del siglo XX y su cultura: vivió la Gran Depresión, el nacimiento masivo del mercado del disco y creó Las Vegas como atracción mundial y al 'rat pack', hizo algunas películas memorables, se metió en muchas peleas porque tenía un genio explosivo, se adelantó al movimiento de los Derechos Civiles de los años 60 al exigir que, allá donde actuara, fueran sus músicos negros o de lo contrario no contaran con él, y tuvo buenas relaciones con la mafia, algo que era inevitable si querías triunfar en el circuito del 'show bussines' de aquella época. Pero, por encima de todo, buscó la excelencia en su trabajo.

Esos veinte años transcurridos confirman que Sinatra es irrepetible y eterno: poniendo su Voz a los mejores compositores del siglo pasado (desde Cole Porter y George Gershwin hasta la bossa nova de Antonio Carlos Jobim), son millones de personas las que siguen disfrutando de su arte derramado por todo el planeta, cada minuto del día, ya que tiene canciones para cada emoción de nuestras vidas con una riqueza inigualable de matices: Sinatra vivía las canciones como nadie más lo ha hecho. He imaginado lo que le diría a Torra a la cara si se lo tropezara. A su manera.

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