Cataluña se la juega esta tarde

Moncloa cree que Puigdemont no se apeará en marcha de su carrera suicida

CURRI VALENZUELA

Puigdemont y su mayoría en el Parlamento catalán deciden esta tarde si mañana la Policía le detiene a él y sus compinches del separatismo o la cuestión queda aplazada unos meses hasta que se celebren elecciones autonómicas. Lo demás, lo importante, no está en juego porque si finalmente el presidente de la Generalitat se atreve a proclamar la independencia, esta misma semana tendremos un nuevo gobierno de esa comunidad después de que la mayoría absoluta del PP en el Senado suspenda la autonomía de Cataluña.

La opinión en Moncloa es la de que Puigdemont no se atreverá a apearse en marcha de la carrera suicida, aunque a estas alturas conozca de sobra que o frena en seco o se despeña precipicio abajo. Los acontecimientos de los últimos días empujarían a cualquier otro que estuviera en su pellejo a pensárselo dos veces: el mensaje del Rey ha sido una invitación inequívoca al Gobierno para que haga todo lo posible por preservar la unidad de España; los grandes bancos y empresas catalanas han cambiado de sede social; cientos de miles de componentes de esa minoría silenciosa que hasta el domingo no se atrevían a manifestar en voz alta sus opiniones han salido a la calle para gritar que quieren seguir siendo catalanes y españoles.

Los secesionistas tienen aun viva la opción de proclamar la independencia a media voz y declarar el asunto materia pendiente a la espera de unas elecciones autonómicas que convocaría enseguida Puigdemont. Si no fuera porque la CUP, la Asamblea Nacional Catalana y sus socios mas radicales se lo impedirían, sería la solución para el partido de Puigdemont, el de la burguesía catalana, para la que la pela vale más que los sentimientos a la hora de la verdad, como es este el caso.

Despues de bastantes titubeos, Rajoy dejó saber ayer que si Puigdemont declara la independencia, el Gobierno adoptará de inmediato medidas drásticas, aunque sea sin más apoyo que el de Ciudadanos. Despues de su pésima gestión el día del referéndum, el presidente se ha refugiado en su táctica habitual, la que empleó con la amenaza del rescate de nuestra economía o su renuncia a tratar de formar gobierno tras las elecciones del 2015: dejar que los demás afectados hagan el trabajo por él.

En este caso ha dejado que el Rey se moje antes que él, ha desoído a los ministros de su Gobierno que le pedían actuar hace semanas, se ha negado a acceder a la reiterada petición de Rivera de poner en marcha el articulo 155 y ha esperado a que los banqueros por un lado y las masas de ciudadanos hartos del independentismo por el otro se echaran a la calle. Hasta el fin de semana pasado estuvo dudando, como quedó claro en la entrevista que concedió a El País. Nunca sabremos si al fin va a suspender la autonomía o a pedir la detención de sus promotores porque no le queda mas remedio, por encuestas como la de ABC que dejan al PP con 121 escaños, o porque cree que es lo mejor.

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