España está hoy conmocionada, aturdida y estupefacta ante la catástrofe social que han provocado Puigdemont, Junqueras y la CUP, entre otros muchos. Son los llamados garantes del 'procés'. Muy seguramente, los dos primeros empiezan a no dormir bien porque comprueban que se les ha ido de las manos, si les queda algo de racionalidad y menos de emoción descontrolada. Los terceros, la CUP, más bien se frotan las manos porque ven llegar su tan ansiada oportunidad de instaurar un gobierno del terror y la amenaza para enriquecerse sin pegar un palo al agua.

Lo que más lástima da es ver cómo las personas que se declaran independentistas lo hacen desde su euforia desmedida y emoción caótica. Hemos atendido a imágenes en estos últimos días de personas revestidas con la estelada, o más bien estrellada, con una sonrisa enorme y con lloros al ver más cerca su 'liberación' de su llamado yugo español. Lo que no piensan es que cuando vuelvan a su casa después de esa manifestación se irán a dormir y al día siguiente su vida seguirá igual. Tendrán la misma casa, el mismo coche, el mismo desayuno, la misma ropa y la misma vida, los mismos problemas. No habrá mejorado nada en su vida pero serán independentistas hasta que les toquen el bolsillo y no tengan nada que echarse a la boca. Entonces pensarán en el error y emigrarán en busca de una vida mejor. Qué necesidad de llegar a esta situación. Sin duda, enfundarse la estelada habrá sido la mejor inversión para ellos y para su familia. A ellos les diría que los burgueses políticos independentistas juegan con sus emociones para sus fines políticos pero ¿qué habrá cambiado en su vida a mejor? Nada, más bien los días van a ir a peor.

Los que hablan con soberbia de una Cataluña independiente como país lo hacen desde la fantasía más irreal que pueda existir. Después, la realidad abruma y los castillos en el aire se derrumban. Vendrán los lloros y los arrepentimientos. La realidad ya empieza a imponerse en Cataluña, a los tres días con una caída en barrena del turismo, cancelaciones de hoteles, barcos a otros puertos, huida de inversores, aerolíneas que recomiendan no ir a Cataluña, empresas que se van porque perciben que serán la diana del incremento de los impuestos, la asfixia fiscal, el boicot a sus productos y la inestabilidad social. Y, sobre todo, que tendrán que salir de la garantía de la zona euro, es decir, su fin y su cierre. Se van por lo que se llama supervivencia o realidad.

Los garantes del 'procés' quieren entrar en la historia como los libertadores de Cataluña, que les pongan estatuas en las plazas, que pongan sus nombres en los libros de historia y en las calles. Una historia manipulada y tergiversada como manda el manual del nacionalismo exacerbado. La diferencia es que las confiadas personas que no durmieron la víspera del 1 de octubre para ocupar los colegios, que se esforzaron en hacer frente a la ley que es la que les protege, quedarán en el olvido más absoluto. Ni tan siquiera se acordarán de ellos los garantes del 'procés' que tantos abrazos y besos les daban ese día sin una mancha de sudor en el traje, claro. Ya no les necesitan. Tienen su independencia y su poder absoluto. Lo que no calculan Puigdemont y Junqueras es que la CUP en un escenario independentista les arrebatará ese mismo poder como en otras épocas de España ha sucedido. Aliarse con radicales y extremistas tiene este mismo resultado tarde o temprano. La mecha ya está prendida y explotará por un lado o por otro.

Si al final Puigdemont y Junqueras se echan atrás, será una alegría para la democracia, volverán al marco de la ley, de la Constitución y podrán dormir bien. No obstante, deberán igualmente responder ante la justicia por haber organizado un golpe de Estado contra la democracia española. Por el contrario quien dejará de frotarse las manos será la CUP pero su radicalización se habrá alimentado tanto que quizás hablemos ya de su batasunización y de su incipiente kale borroka, siguiendo los pasos de ETA de la que nunca han condenado sus acciones. Las consecuencias las sufrirán nuevamente los inocentes y defensores de la libertad con la palabra.

Cataluña gracias a estos garantes del 'procés' va a perder de todos modos. La diferencia importante es que si son España la pérdida será reparable pero si siguen con su 'procés', el precipicio les espera. Lo que más lamento es que Puigdemont, Junqueras y la CUP tendrán su paracaídas ya preparado. Las personas a las que han manipulado sus emociones no lo tendrán. A los que no son independentistas, a los que se sienten españoles viviendo en Cataluña y a los que siendo independentistas piensan ahora en que han llegado demasiado lejos y vuelven a sus casas, España les espera y les protegerá. Cuanto más sean los demócratas en Cataluña más solos estarán los garantes del 'procés'. Os esperamos.

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