'La casta del Botánico'

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

El famoso 'Pacto del Botánico' que hizo posible la formación del gobierno de la Generalitat debería cambiar de nombre y llamarse 'La casta del Botánico'. También podríamos describirlo como 'nomenclatura', 'oligarquía' o 'nueva élite' que se ha desentendido del pueblo, de los intereses reales de los ciudadanos, de la sociedad civil en su conjunto y del fututo de la comunidad a la que dicen gobernar.

A medida que disponemos de información pública y conocemos ciertos abusos de poder, comprobamos en algunos representantes que no les interesa el buen uso de los recursos públicos, sino cierta apropiación elitista del dinero de los contribuyentes. Si repasamos la historia de las numerosas comisiones de investigación que se han creado y promovido por esa nueva élite de pequeño-burgueses que controlan las mayorías de las Cortes, comprobaremos que los resultados son escasos y que han aportado muy poco a la calidad de la democracia. Aunque todo ello les ha permitido incrementar sustancialmente sus nóminas. Organizadas en clave de odio, resentimiento y vendetta, esta semana hemos comprobado que la finalidad de las comisiones es el incremento sustancioso de las dietas de los diputados autonómicos y sus equipos. Cuando se sabe que los convocados no van a venir y se mantienen los horarios para una sesión de trabajo de tres minutos de jornada laboral, hay buenas razones para pensar que no se está trabajando por la justicia social, el bien común o la calidad de la democracia.

En muy poco tiempo, el gobierno del Botánico ha hecho un máster acelerado en lo que hace unos años llamábamos 'élites extractivas'. Recordemos el famoso ensayo de D. Acemoglu y J. A. Robinson donde se explica que el fracaso de los países está relacionado con la existencia de estas élites depredadoras. Se refieren expresamente a la forma en la que las élites políticas gestionan las instituciones y se relacionan con la riqueza. Estas élites institucionales no crean riqueza, se apartan de cualquier horizonte de bien común y dedican todos sus esfuerzos para construir su propio bienestar, el de sus oligarquías de partido y el de sus más próximos o afines. En lugar de crear riqueza y prosperidad, viven de la riqueza que generan otros y, lo que es más grave, casi nunca se responsabilizan de lo que hacen.

Repasen las crónicas de las Cortes es esta legislatura y comprobarán que los firmantes del 'Pacto del Botánico' son especialistas en fabricar chivos expiatorios para evitar la responsabilidad en su gestión. Y si se van al Ayuntamiento de Valencia y repasan las actas de plenos y comisiones en esta legislatura, comprobarán que el equipo de gobierno no se conforma con un único chivo expiatorio sino que dispone de todo un rebaño caprino al que atribuir sus incompetencias. Otro ejemplo de élite extractiva y casta con escaso sentido de la responsabilidad.

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