CARTAS A LOS REYES

FERRIOL MOYA

Todos hemos mandado cartas a los reyes magos (perdón, Reyes Magos). De pequeñajos, el sonsonete ese de '¿te has portado bien?', '¿qué le vas a pedir a los reyes?' -siempre Reyes Magos, nunca Papá Noel en mi caso- resonaba como anticipo de una noche de ilusión y blablablá. Está bien, no le quiero quitar importancia. Pero una cosa: esto era para los niños, no para los adultos. Los mayores podemos o no hacernos regalos (aquí lo de portarse bien también importa), pero no deberíamos de enviar cartas a sus majestades de Oriente para pedir imposibles. Sigo con interés esa partida de ajedrez que mantienen los partidos firmantes del Pacto del Botánico con la excusa de la elaboración de los presupuestos para 2018. Digo excusa porque el debate de fondo tiene que ver menos con el reparto de fondos públicos, y más con la proximidad del 9 de junio de 2019. Proximidad relativa, me dirán ustedes. Sí, pero para una organización política -léase, grupo de personas que tienen permanentemente en la cabeza la fecha de las próximas elecciones- diecinueve meses no son nada (y si contamos la campaña electoral, la confección de candidaturas, etcétera, aún menos). Al tema. Compromís y Podemos ven llegado el momento de comenzar a hacer evidente que no son exactamente lo mismo que el PSPV. No son lo contrario, claro está -porque no habrían podido pactar un Gobierno tripartito-, pero tienen diferencias significativas. El caso es que aprovechar los presupuestos para elevar el nivel reivindicativo hasta mucho más allá de lo razonable -entendido el concepto en la línea de la ejecución prudente del presupuesto que la Autoridad Fiscal recomienda a la Comunitat Valenciana- y reclamar además que esos recursos salgan de las consellerias dirigidas por el PSPV, o directamente de Presidencia de la Generalitat, significa poner los cimientos para construir la justificación de un progresivo distanciamiento entre los socios. Es una hoja de ruta cantada y no debería de sorprender a nadie. No me imagino que el martes no haya presupuestos, pero los socialistas ya se hacen a la idea de que lo que queda de legislatura van a comprobar lo complicado que resulta gobernar con sólo 23 escaños. Puestos a escribir cartas a los Reyes -aunque resulte contradictorio para los independentistas- el episodio catalán merecería una visita 'de País' al psicólogo. Empezar un viaje a ninguna parte para lograr la República de Cataluña y acabar con la autonomía suspendida debería de hacer reflexionar al lumbreras que impulsó ese camino. Jugar a forzar la máquina, alimentar un relato que termina provocando una ruptura emocional entre Cataluña y España, y resolverlo culpando de todo al PP de Rajoy, puede valer como estrategia política, pero es de una mezquindad absoluta.

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