San Carlos

TIENDA DE CAMPAÑA

La Academia de Bellas Artes lleva dos siglos y medio de servicio a la cultura, el progreso, la defensa del patrimonio y la belleza

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Ahí le tenemos: Madrid dice que fue su mejor alcalde, pero Valencia, si quisiera ser agradecida, podría ir a la Glorieta a rendirle homenaje. Porque desde lo más alto de la Audiencia, antes Fábrica de Tabacos y más atrás Aduana, el rey Carlos III mira el horizonte de Valencia, tan parecida a su querida Nápoles, con la mano izquierda apoyada en la cintura y la derecha consagrada al cetro de unos reinos que en su época eran grandiosos. En esa imponente fachada, el escultor Ignacio Vergara nos dejó expuesto lo mejor del siglo XVIII: el rey, el escudo con el Toisón y dos figuras clave para la monarquía, la Prudencia y la Justicia.

El reinado de Carlos III fue generoso para España y para Valencia. El rey entendió el valor de cuatro elementos bien ensamblados: paz, progreso de la economía, reparto de la riqueza y cultivo de las Bellas Artes. La Ilustración, la iluminación de cuanto conocimiento se mantenía en la oscuridad, la rutina, el atraso y el temor, terminó dando como resultado un mundo nuevo: las universidades renacieron y el conocimiento quiso comprender todo lo creado para ordenarlo desde la experimentación.

El 14 de febrero de 1768, el buen rey Carlos autorizó que en Valencia naciera una Academia de Bellas Artes a la que sus promotores, con la familia Vergara en el núcleo, pusieron el apellido de San Carlos. El cultivo de la belleza y la armonía encontraron acomodo en el edificio universitario de La Nau como prueba inequívoca de la voluntad de progreso del conocimiento. Pocos años después, los llamados a ser custodios de la calidad y la formación en Pintura, Escultura, Arquitectura, Grabado y Música, recibieron el refuerzo de otra institución, la Real Sociedad Económica de Amigos del País, encargada de extender el conocimiento y el progreso en la práctica de la agricultura y la industria. Cuando ambas instituciones observaron la realidad valenciana, la Academia creó, en 1784, una sección de Flores y Ornatos destinada a ser el departamento de I+D+i que el Arte Mayor de la Seda necesitaba.

Los cambios de la sociedad, los avances y nuevos escenarios, se pueden explicar a través de guerras, revoluciones y conflictos. Pero siempre resultan mucho más abundantes y fructíferos los pequeños pero infinitos cambios que se producen en la sociedad, a diario, a través del estudio, la investigación, la constancia educativa y la exploración científica.

En esa paciente tarea de la transformación diaria, la Academia de Bellas Artes de San Carlos cumple mañana dos siglos y medio de tenacidad en la defensa, el estudio y la enseñanza de la belleza y la cultura al servicio del pueblo valenciano. La didáctica que ha impartido, la ciencia y la cultura que ha fomentado, el patrimonio que ha salvado, le hacen acreedora de la gratitud del pueblo valenciano. Y en cuanto al rey Carlos me limitaré a anotar que el rey Felipe sabe muy bien lo que se hace cuando sitúa su retrato como telón de fondo protector en sus intervenciones televisivas.

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