El gol de Cardeñosa

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Durante años, más bien décadas, los seguidores de la selección nacional no conseguimos quitarnos de encima el peso de aquel no gol, porque Julio Cardeñosa no llegó a marcar lo que parecía imposible fallar, el balón que apenas tenía que empujar con su pierna derecha, la mala, en el partido que enfrentaba a España contra Brasil en la fase de grupos del Mundial de Argentina. Lo tenía fácil, apenas un toque, pero el fino interior bético se cambió el balón a la zurda y dio tiempo a Amaral para situarse en la línea y salvar lo inevitable. Desde entonces, la expresión 'el gol de Cardeñosa' ha quedado para referirse a acciones que parecen sencillas y acaban convertidas en algo muy complicado. En definitiva, para lo que acaba de hacer el Ayuntamiento de Valencia con la plaza de la Reina. Lo tenía todo a su favor para retomar un proyecto que por distinta razones se le atragantó al PP, que no lo acabó de ver y lo guardó en el cajón. Cualquier cosa que hiciera en ese espacio tan emblemático -un enorme vacío dominado por las rampas de un aparcamiento subterráneo- sería para bien, porque la plaza es más bien la antiplaza, un feo y extraño cajón de sastre con paradas de autobuses de la EMT, del bus turístic, de los coches de caballos, de taxis, de Valenbisi, coches estacionados en superficie y terrazas por todas partes. Tan sólo tenía que resolver (que no es poco) qué hacer con la EMT, lo cual debería haber estado previsto si durante sus largos años de oposición los dirigentes de Compromís se hubiesen dedicado a preparar planes alternativos de tráfico en lugar de jalear las camisetas de Grezzi azotando a Rita Barberá. Y una vez decididos a aplicar el concurso del Colegio de Arquitectos de 1999, confiar en el buen criterio de los arquitectos, Del Rey, Magro y Gallud, avalados por su trayectoria profesional. Con un mínimo de agilidad, teniendo las ideas claras, podían haber presentado la obra terminada antes de las elecciones de mayo de 2019, evitando de paso un largo periodo de afección que para los comercios siempre es letal. Pero en vez de eso, en lugar de chutar a puerta tal y como venía para marcar un gol fácil, han optado -como Cardeñosa- por cambiarse el balón de pie y enredarse en una madeja de proyectos, contratistas, subcontratistas y posibles recursos ante los tribunales que a buen seguro va a tener como resultado final el que la obra no es que no se acabe sino que ni siquiera se empiece durante esta corporación. Más o menos, la misma historia que en el Cabanyal. O algo parecido a los apartamentos turísticos, o al botellón, entre otros problemas de la ciudad que en la oposición parecían tan fácilmente resolubles y ahora, en el gobierno, ya no lo son tanto. A Cardeñosa, aquel día ya lejano del 78, la portería se le hizo de repente muy pequeña.

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