Todos a la cárcel

BORJA RODRÍGUEZ

Ni la mejor versión de Berlanga hubiera podido igualar el esperpento catalán protagonizado por Puigdemont y toda la banda, porque eso es lo que son. Tras ver la secuencia de los hechos no queda la menor duda de que tienen su propia versión y se la creen a pies juntillas. ¿Profesionales o bipolares? No hay cordura ni coherencia, todo cae por su propio peso. El mismo peso que tiene la justicia que los colocará lejos de la responsabilidad de dirigir un gobierno, donde nunca debieron estar. Se pueden sacar muchas conclusiones del sainete catalán y me quedo con dos que son fácilmente comprobables. La primera es que Rajoy, fuera de gustar más o menos, ha templado sus decisiones en esta difícil situación de una manera eficaz y productiva. No sé si será el talante gallego o el talento del gallego, pero este Rajoy tiene muchas papeletas para salir por la puerta grande. La segunda es que se nos ha quitado por fin el complejín de la bandera de España, el viva España y hasta de Manolo Escobar. Estos independentistas han conseguido aflorar y normalizar el sentimiento español del que muchos sentían hasta vergüenza. Jamás hemos visto tantas banderas colgadas de balcones y fachadas en la ciudad de Valencia y en tantas otras de nuestra Comunitat. Ya no les cuento en Barcelona, epicentro del rodaje. La mayoría silenciosa, por fin, tomó la decisión de salir a la calle con los colores de su bandera nacional y de su senyera, la constitucional. Así que no todo es malo dentro de esta locura, saquemos el lado positivo y aprendamos a no creer todo lo que nos dicen. Era mentira que las empresas no se iban a ir, era mentira que se iban a independizar, era mentira TV3 y tantas cosas más que en los próximos meses saldrán a la luz tras tomar el control de la información el gobierno central en Cataluña.

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