LAS DOS CARAS DEL CABANYAL

LAS DOS CARAS DEL CABANYAL

La burbuja inmobiliaria del Marítimo convive con vecinos que no tienen donde ir asediados por las ocupaciones ilegales

PACO MORENO

En el mismo barrio, dos situaciones tan diferentes que parecen de ciudades distintas. Pero es lo que está ocurriendo en el Cabanyal y el Canyamelar, donde los inversores extranjeros compran a tocateja y a precios millonarios las viviendas mejor situadas, mientras unos metros hacia el mar, en los Bloques Portuarios, los vecinos están tan atemorizados con las ocupaciones ilegales que prefieren no dar sus nombres al contar las historias de terror que sufren.

Son las contradicciones lógicas de un barrio que sale del letargo después de dos décadas de paralización de un plan urbanístico defendido por unos y defenestrado por otros, que al final son los que han tomado este mandato la responsabilidad de abordar el renacimiento del Cabanyal.

Posibilidades tiene y la prueba obvia es el interés de los inversores extranjeros que compran para vivir o alquilar en el barrio marinero. Ahora, la pregunta obligada es la razón de que en los tres años de este mandato los otros vecinos, aquellos que conviven con escándalos nocturnos, plagas de ratas, suciedad y problemas de convivencia de todo tipo, siguen a la espera de una solución.

El Plan ARRU de ayudas del Ministerio de Fomento se planteó como una panacea. Ha sido positivo, no hay que negarlo, dado que las subvenciones han llegado a cientos de familias, pero se ha quedado corto, mucho, para toda la faena que hay por delante, además de que no entra en el asunto de las ocupaciones ilegales.

El Plan Confianza ha servido para mejorar algunas calles, que les hacía falta, pero tampoco entra en la llamada «solución social» pedida por los vecinos. Y el Plan EDUSI se ha iniciado con cuatro proyectos y obras de equipamientos públicos, basados en iniciativas culturales y deportivas que tampoco abordan el meollo del problema.

Es lógico pues que una parte del barrio eche humo por la indignación de tres años que consideran en blanco, todavía con la incógnita de si lograrán sobrevivir en sus casas hasta que llegue Mister Marshall. La situación es insostenible y aunque han mejorado aspectos como la seguridad ciudadana y la limpieza, quedan agujeros negros como el que contamos hoy mismo en los Bloques Portuarios. Tremendo.

¿Saldrá el Cabanyal del fango para convertirse en un barrio repleto de apartamentos turísticos? Es otra de las preguntas obligadas para el Ayuntamiento. El antecedente de Ruzafa está ahí, con desigual resultado desde que se convirtió en la zona de moda de Valencia. La saturación de bares y restaurantes ha llegado a tal extremo que una plataforma vecinal decidió acudir a un juzgado a resolver el problema que padecen por los ruidos nocturnos. Visto lo que ha pasado antes, todo hace indicar que habrá al menos reducción de horarios.

En el Cabanyal puede suceder lo mismo, aunque desde el Ayuntamiento se ha dicho varias veces que habrá normativas que limiten las terrazas de los bares y la proliferación de apartamentos. De lo primero sí que se aprobó una suspensión de licencias en todas aquellas zonas que se peatonalicen, lo que afectan también al Marítimo, aunque de lo segundo no hay más noticia que la tramitación del plan de Ciutat Vella, que pretende ser ejemplo para todos los distritos. La pretensión es que sólo con el permiso del resto de vecinos de la comunidad se pueda alquilar una vivienda para estancias turísticas, lo que veo injusto. No hay que ser muy lince para pensar en que eso servirá para ajustar cuentas entre los residentes, que todos tenemos ejemplos más que sobrados. En suma, el Cabanyal parece un bocado que está a punto de atragantarse al gobierno municipal en su año decisivo, el último completo antes de las próximas elecciones municipales. Dinero hay, pero los problemas de las ocupaciones ilegales son tan graves que no hay una solución a corto plazo.

Han pasado tres años y nada se sabe de proyectos de viviendas sociales donde realojar por ejemplos a varias familias de los Bloques Portuarios. Algunos de los niños han nacido allí, por lo que es una cuestión de años. El parque municipal de pisos es uno de los compromisos del gobierno actual, que siempre se ha quejado de la escasa oferta que dejaron los anteriores gobernantes. Y mientras, agencias inmobiliarias al acecho ofreciendo precios insultantes a los propietarios por los que han sido sus hogares desde que nacieron y a los que se aferran con desesperación.

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