Las otras caras del 1-O

Va de bo!

Las graves acusaciones sin pruebas de una alcaldesa, denuncias falsas, niños como escudos humanos, escraches a policías y guardias civiles. Y cargas policiales, sí

María José Grimaldo
MARÍA JOSÉ GRIMALDO

Llevo, como casi toda España, escuchando hablar las veinticuatro horas del día de los excesos cometidos el pasado 1-O por las Fuerzas de Seguridad del Estado. ¿Agradables? ¿Deseables? ¿Reconfortantes? En absoluto. Nada de eso resultan muchas de las imágenes vistas el pasado domingo en esos enfrentamientos que ciudadanos y policías y guardias civiles protagonizaron cuando los segundos se disponían por orden judicial a retirar urnas de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional y que, por tanto, no podía ni debía celebrarse.

Veinticuatro horas escuchando hablar de actuaciones y medidas desproporcionadas. De excesos. Pero para hablar de ellos con proporcionalidad habrá que relatarlos todos, incluido el cometido en las últimas horas, por ejemplo, por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, capaz de denunciar agresiones sexuales por parte de los agentes sin aportar una sola prueba. Cuesta imaginar, señora Colau, que con lo que ocurrió en su ciudad el domingo la Policía tuviera tiempo para andar tocando pechos cuando se acudía a depositar el voto en unas urnas que por orden judicial había que retirar. Pero aporte pruebas si las tiene. Yo, la reto.

O el testimonio de esa mujer, una de las víctimas de tales agresiones sexuales según relató ella misma, a la que la Policía le rompió todos los dedos de la mano y ha terminado confesando que sólo tiene capsulitis en uno de ellos. Para entendernos, inflamado.

¿Acaso no es desproporcionado cifrar por parte de la Generalitat catalana el número de heridos en casi 900 cuando el propio departamento de salud del gobierno autonómico ha confirmado que fueron cuatro las personas que pasaron la madrugada del domingo al lunes hospitalizadas a consecuencia de las heridas sufridas durante los incidentes? El martes, dos ya habían sido dadas de alta. De las dos restantes, una sigue porque sufrió un infarto.

¿Y no resulta un exceso también que padres llevaran a sus hijos a votar y los usaran como escudo ante las Fuerzas de Seguridad? Por cierto, ¿tiene alguien noticia de actuación alguna por parte del fiscal de Menores? Porque esas imágenes, como las de las cargas, también las vimos todos. Y también duelen. Como duele escuchar al PSOE, la misma formación política bajo cuyo mandato se ejecutaron cargas de similar o mayor dureza durante sus años de gobierno, poner en ello el acento.

O asistir a esa campaña de acoso y escraches que están sufriendo policías y guardias civiles por limitarse a cumplir con la legalidad el 1-O sin que el Gobierno haga nada. ¿Cómo puede permitirse que alcaldes catalanes presionen a los propietarios de hoteles para que los echen a la calle? Imagino que como se permite el delito continuado a un señor apellidado Puigdemont, que anoche arremetió contra el Rey por su mensaje de confianza a los españoles, sin aplicarle la ley. Bueno, salvo que se les haya hecho el encargo a los Mossos.

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