Capítulo definitivo

Movilizar al electorado catalán no independentista requiere expresar de antemano una propuesta inequívoca

IGNACIO GIL LÁZARO

Puigdemont huyó a Bélgica con algunos de su cesado gobierno. El resto entró en prisión por orden de la Justicia. Ahora el victimismo separatista pretende venderle al mundo que España es un Estado opresor que encarcela a políticos a cuenta de sus ideas. La enésima mentira grotesca urdida por un tropel de mentecatos. Personajes de pandereta como Pablo Iglesias, Ada Colau y gente de Compromís han dado cobertura a la patraña, lo que obviamente les retrata. Además, la espantada cobarde del expresident de la Generalitat pone en evidencia las miserias del independentismo. No sólo han hundido a Cataluña sino que también se la han jugado como vulgares tahures los unos a los otros. ¿Qué pensarán Junqueras y los exconsellers en la cárcel sobre la fuga de Puigdemont y sus comparsas? ¿Qué épica le queda al discurso soberanista después de todos los episodios de amenazas y ajuste de cuentas que sus dirigentes han consumado entre ellos esta última semana? ¿Qué sentido puede tener invocar de nuevo la supuesta mística de una República imposible que por añadidura sólo ha logrado concitar el más estrepitoso ridículo a tenor de la inmensa bajeza política y moral demostrada por sus máximos prebostes? En consecuencia pues es magnifico que se hayan hecho presentes en público todos aquellos que están hartos ya de la necedad, la patochada y el autoritarismo nacionalista. Sin embargo, ese paso no basta. Ahora hace falta articular la respuesta necesaria para vencer en las urnas. Desde luego, la unidad de presencia de Partido Popular, PSC y Ciudadanos el pasado domingo en la segunda gran manifestación de Barcelona no puede quedar reducida a un acto de circunstancia. Obliga a más. Implica el deber de estar a la altura de una importantísima parte de la sociedad catalana que quiere hacer del 21 de diciembre un punto y aparte histórico para recuperar la sensatez, el imperio de la ley y la igualdad efectiva de todos sin que ésta quede nunca más subordinada a diferencias impuestas por el modo de pensar. No vale por tanto que en dicha tesitura los partidos constitucionalistas se anden con subterfugios o cálculos parciales. Es tiempo de grandeza y responsabilidad. Lo que importa no es el éxito electoral de éste o aquél. Importa el triunfo de la convivencia y de la democracia. Importa que las instituciones autonómicas catalanas no vuelvan a verse sometidas al disparate. Importa que todo lo que ha ocurrido sirva para dar paso a una realidad diferente. Por eso movilizar al electorado catalán no independentista requiere expresar de antemano una propuesta inequívoca. Capítulo definitivo. Anunciar que gobernarán juntos Arrimadas, Iceta y Albiol sumando escaños si hay mayoría al efecto sea cual fuere la manera concreta de sustanciar tal acuerdo. No se vislumbra más opción renovadora. Un camino a despejar cuanto antes so pena de recalar otra vez en las mismas. Eso sí sería una tragedia.

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