Capitanes Generales al servicio de los valencianos

Ahora que el edificio del Real convento de Predicadores de Santo Domingo de Valencia celebra sus 175 años (desde 1842) en que fue, tras la fiebre desamortizadora, felizmente otorgado al Ramo de la Guerra para sede de la Capitanía General y del cuartel y Parque de Artillería, no estaría de más dedicar unas líneas en recuerdo hacia algunos de sus más recientes ilustres ocupantes. Para dejar constancia del modo en que se han sentido, todos ellos, vinculados con Valencia y los valencianos.

Gustavo Urrutia, que ha tenido avenida en la zona de Monteolivete hasta hace bien poco, ha sido uno de los más míticos. El propio alcalde de Valencia le puso la insignia de Concejal Honorario, mientras las instituciones valencianas se adherían al otorgamiento de la medalla de Alfonso X El Sabio.

El claustro de Santo Domingo conserva su busto, erigido por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, como recordatorio de que durante su mandato (1950-53) se iniciaron las obras que rehabilitarían las partes más monumentales del cenobio; en una empresa que continuó a lo largo de tres décadas, con el apoyo financiero de la Caja de Ahorros de Valencia, y que contaría, como hito, con la final reunión de las dos partes del artístico sepulcro gótico de los Boíl.

"El fajín me obliga a fomentar la compenetración entre ejército y pueblo", confesaría el General a la prensa.

Ríos Capapé (1953-62) tuvo en su ejercicio que afrontar la gravísima riada del río Turia, en el año que ahora cumple su 60 aniversario. Con unas aguas que circundaron el edificio de la Capitanía a la altura de 2´25 metros, ya que recuperaron el viejo brazo de la Rambla de Predicadores.

De los hombres militares y de sus recursos materiales, aplicados durante semanas al auxilio y mantenimiento de personas y a la limpieza de la ciudad y aledaños, se ha escrito casi todo y, aún más ahora, podemos recordarlo visualmente en la exposición montada en el vestíbulo de la Fundación Cultural Bancaja por la Delegación de Defensa.

Un conocido periodista valenciano llegó a escribir: «...varios reemplazos de soldados lo único que hicieron en su servicio militar fue quitar barro de las calles...».

Pero el General Joaquín Ríos acababa de prestar, dos años antes, un impagable servicio religioso-cultural a la ciudad. Se había volcado en el proyecto del V Centenario de la Canonización de San Vicente Ferrer (1955), cuyos esfuerzos organizativos pesaban en la persona de Francisco de P. Momblanch.

Y así, el Salón del Trono fue acomodado a sala de exposición vicentina, donde también se exhibían Los 'Bultos', junto a reliquias, objetos religiosos y muchas obras de arte. La gran antigua sacristía, con puerta al claustro, se cargó con pinturas notables; que incluían un espectacular Benlliure y muchas obras de Segrelles. Y sobre las arquerías ciegas góticas del ala oeste también se colgaron óleos; mientras que el recorrido cuadrilátero vio desfilar procesiones, con tal número de monjes dominicos -de hábito blanquinegro- como no se habían visto desde la Desamortización de Mendizábal.

Rafael Allendesalazar (1981-83) además de ser la figura militar visible de la riada de 1982 en Las Riberas, de la que recordamos 35 anualidades, se volcaría después en la campaña de 'Rutas de Aproximación al Patrimonio Cultural Valenciano'; que puso en circulación una serie de documentadas guías sobre la riqueza monumental de la Región, con acto de presentación en el mismo Paraninfo de la vieja Universidad Literaria y con el apoyo de la Consellería de Cultura, a la sazón dirigida por Ciprià Císcar.

Juan Bautista Sánchez Bilbao (1985-88) concentró en su mandato una ingente labor de hermanamiento militar de la, entonces, Música de la División Maestrazgo nº 3 con las artísticas bandas de los pueblos valencianos; que, dirigida aquella por Adam Ferrero, estableció el intercambio de los conciertos. Los cuales tenían lugar, respectivamente, en el auditorio civil local y, después, en el magno Salón del Trono de Capitanía; al que acudían autobuses de autoridades, vecinos y familiares acompañantes.

A Andrés Freire (1988-91) le correspondió adelantar la efeméride del 150 aniversario de la Capitanía, establecida en el viejo convento salvado de la piqueta. Con este General quedaron restauradas las campanas, introducidos los toques informáticos, levantado el monumento conmemorativo (encargado al escultor castellonense Manolo Rodríguez) y compuesto, por el reconocido músico militar Adam Ferrero, el poema sinfónico 'En el Claustro de Santo Domingo'.

No quedando en ello su vinculación con lo valenciano, ya que no era difícil verlo dibujando -a plumilla- los rincones más emblemáticos de la ciudad. Lo que redondeó con el encuentro de estudiantes de nuestra Escuela de Arquitectura en las propias singulares dependencias de la Capitanía General; cuyos notables bosquejos del recinto conventual, acabaron conformado un volumen de 'Dibujar Valencia'.

Por si fuera poco, abrió las puertas eclesiales y claustrales a una solemnísima procesión del Corpus Christi; que anualmente atraía al cenobio-cuartel a multitud de católicos valencianos, desfilando en doble hilera y precedidos por niños de Primera Comunión.

Con Agustín Quesada (1991-95) llega otro momento de gran arraigo valenciano. Si con Ríos Capapé todo el glorioso vicentinismo local se había dado la mano con los militares, con Quesada Gómez sale a relucir el fervor por nuestra patrona la Virgen de los Desamparados. Con sublimes procesiones de su imagen, con escoltas y piquetes de honor. Actos en los que se compenetran vecinos urbanos y servidores del pueblo. En los que se renueva el nombramiento de nuestra Virgen como Generalísima de la ciudad y reino, proclamada en la Valencia antinapoleónica de 1809.

Alfonso Pardo de Santayana, (1995-98) como General que fue nexo entre la figura de la anterior autoridad militar regional y la nueva comandancia de cuartel OTAN, acogió infinidad de visitas de alta representación internacional; que no consintió dejar ir sin que conocieran antes Valencia y a los valencianos.

Además de que, artillero y católico ferviente, organizó el solemne acto de entrega de la bella imagen de la Santa Bárbara, que había pertenecido al Regimiento de Medina del Campo, a la que fue (en el siglo XIX) parroquia castrense: la iglesia del San Juan del Hospital. En cuya Capilla de la Comunión ahora se venera.

Y todos ellos y los demás no mencionados, en conjunto, han estado volcados también con el mundo de las Fallas (Falla Militar, en el acuartelamiento de La Alameda), la procesión del Cristo de San Bult del vecindario inmediato, diversos piquetes de honores para actos solemnes valencianos (Corpus, La Verge...), la exhibición educativa de la Expo-Jove navideña en la Feria de Valencia, la celebración de Jornadas de Puertas Abiertas, las visitas escolares culturales a la Capitanía, los clásicos ciclos musicales en el Salón del Trono, las bodas civiles en la Parroquia Castrense, los actos del Capítulo de Cavallers Jurats y de la Cofradía de Nobles de la Celda de San Vicente, la promoción del Museo Militar de Valencia o las salidas a poblaciones valencianas (Castalla, Segorbe, Xàtiva...) con motivo de la Semana de la Fuerzas Armadas; con desfiles, exhibiciones y exposiciones.

Lo que hizo que en su colección de folletos divulgativos sobre Monumentos Valencianos el pedagogo Manuel Sánchez Navarrete, al describir el Real Convento de Santo Domingo, hablara de «...la saga ilustre de Capitanes Generales totalmente identificados con el alma profunda del pueblo valenciano...».

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