Cuando un campeón era un bicho raro

LA CANTINA

La muerte de Ángel Nieto, el astuto piloto de motos, debe servir para recordar a aquellos pioneros del deporte

Fernando Miñana
FERNANDO MIÑANA

No siempre fuimos unos fenómenos del deporte. Por eso aquellos campeones añejos tienen tantísimo valor. Por su escasez, por su osadía, por llegar tan alto con tan poco. Alguien escribió estos días que Manolo Santana empezó de recogepelotas; Severiano Ballesteros, de caddie, y Ángel Nieto, de ayudante de mécanico en un taller de Vallecas donde entraba y pedía que le dejaran tocar bielas y girar tuercas. Los tres alcanzaron la elite en la España del blanco y negro. No teníamos muchos más héroes deportivos. Federico Martín Bahamontes, Lilí Álvarez, Joaquín Blume, Mariano Haro... Genios surgidos por generación espontánea. Ni más ni menos.

Ellos fueron nuestros pioneros y, sin saberlo, fueron despejando el camino a los que vinieron detrás. De Santana hemos llegado a Rafa Nadal. De Seve, a Sergio García. Y de Nieto, a Marc Márquez. Pero antes ya tuvimos a Manolo Orantes, Pepe Higueras, Sergi Bruguera, Carlos Moyà, Juan Carlos Ferrero, Àlex Corretja... Y a Txema Olazabal, Miguel Ángel Jiménez, Manuel Piñero, José María Cañizares... Y a Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa, Álex Crivillé, Sete Gibernau, Aspar y una lista interminable de campeones sobre dos ruedas.

A todos los vio el gran Ángel Nieto desde el paddock. Porque después de su fastuosa colección de títulos, los cacareados 12+1 campeonatos mundiales -seis en 50 cc y siete en 125 cc-, el piloto zamorano se quedó donde se tenía que quedar: en los circuitos. Primero en aquellas míticas retransmisiones en TVE junto a Valentín Requena. Si los micrófonos hablaran... Y después en otros canales y con otros compañeros. Pero gracias a la televisión, los aficionados a las motos nunca perdimos de vista a la gran leyenda.

Nieto conoció el laurel y el champán en la España de la posguerra. Y nos enseñó que no siempre es lo mejor ir el primero. Astuto, pillo, el pequeño Nieto se dejaba superar por el rival de turno para dejarle liderar durante varias vueltas mientras él corría a su rebufo, sin forzar, estudiando las debilidades de su contrincante y sopesando qué curva iba a ser la ideal para dar el golpe de gracia y cruzar primero la meta.

Con 18 añitos vino desde Madrid para disputar en Xàtiva la carrera urbana que en unos días cumplirá 65 años y que es la más antigua de España. Eran los tiempos en los que Ricardo Tormo era un niño e iba de Ayacor a Xàtiva en bicicleta para quedarse embelesado viendo las motos.

Años después, Tormo y Nieto fueron duros rivales en los circuitos y luego amigos y después enemigos, como casi todos los que han pasado muchos años en el Mundial de motociclismo, donde se cultivan las amistades y se destrozan a la misma velocidad. Pero la calidad personal de Ángel Nieto quedó patente cuando el valenciano contrajo la enfermedad que terminaría acabando con su vida en los últimos días de 1998. Nieto estuvo al lado de Ricardet cuando más lo necesitó. Y eso es lo que perdura.

El gran campeón español murió el jueves en Ibiza. En aquella isla vivió noches intensas y fraguó otra gran amistad con Ricardo Urgell, un empresario, tan pionero como él, que fue capaz de levantar un imperio de la noche después de crear una modestísima discoteca en Sitges en 1967 y luego, ya en 1973, una segunda en Ibiza a la que llamó Pachá.

Las tórridas noches de Pachá ya habían quedado atrás para Nieto (70 años) y Urgell (79), que seguían disfrutando de la isla mágica a otro ritmo, de otra manera. Al rey de las discotecas le gusta navegar en su barco con los amigos. Y al piloto le sorprendió el accidente de circulación dando un garbeo por Ibiza con un quad. Los dos rivalizaban con ese pelazo blanco que lucían y eran buenos amigos.

Nieto recordaba vagamente a Raphael. Por la estatura, por el peinado, por el carácter. Dos celebridades. El deportista admiraba al cantante, que se subió a los escenarios un poco antes que él. Los dos sufrieron las cornadas de la vida. Cada uno a su manera. Los botellines de los minibares y un problema con el hígado casi acaban con Raphael. Nieto se rompió 17 huesos, pero solo pasó una vez por el quirófano.

Ahora lo importante es enterrar al hombre y mantener viva la leyenda. Que los nuevos aficionados al deporte no olviden a las viejas glorias que ya partieron. Como ese pobre becario, jovencito, que el otro día tituló en un portal de información que había muerto el tío de Fonsi Nieto.

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