CAMBIAR DE EQUIPO

JOSÉ MARTÍ

En su vida un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol». La conocida frase de Galeano, exageradamente uruguaya (perdón por la redundancia), se llena de sentido estos días cuando miles de culés son incapaces de cambiar de equipo pese a oponerse a la deriva nacionalista autodestructiva en que se ha embarcado el club de sus amores. Lo he comprobado en primera persona con mis cuñados, orgullosos militantes barcelonistas en Teruel. Seguirán fieles a su equipo pase lo que pase. Piden la marcha de la actual directiva y la no politización del fútbol, pero -suceda lo que suceda- ellos seguirán siendo culés. Forman parte de esa mayoría silenciosa, incluso más pasional que la otra, que también sufre en el terreno deportivo. Ante mi incomprensión e insistencia por lo fácil que sería, como han hecho clientes de entidades bancarias, mandarlos a tomar viento y bajarse del tren para no alimentar la farsa independentista, su hermana (nuestra querida esposa, que diría el recordado Salva Regües de la suya) salió en su defensa: ¿acaso tú dejarías de ser del Levante en algún momento o por cualquier circunstancia? Nos desarmó. Efectivamente, no concebimos ningún motivo, ni siquiera la muerte, que pueda provocar el abandono de un sentimiento tan intrínseco a nuestro ser. Y en estas andamos cuando el próximo viernes 13 el Levante aterriza en Barcelona para jugar un partido terrorífico en Cornellà. Aunque sea frente al Espanyol. Proponemos lucir la bandera española y la senyera zurcidas en la camiseta, tal y como hizo Las Palmas en el vergonzoso encuentro jugado a puerta cerrada en el Camp Nou el pasado 1-O. Así dejamos claro quiénes somos. Solo sería un pequeño grano de arena pero significativo de nuestra voluntad de no ruptura en estos momentos en que lo progre es vestirse de blanco dialogante. Nos recuerda al viejo chiste. Llega un hombre a una librería y pregunta al dependiente: ¿tiene algún libro que explique cómo hacer amigos, gilipollas de mierda? En cualquier caso, el partido debería jugarse sin ningún problema porque el nacionalismo puede arrasar con todo menos con el fútbol. Lo dijo Shankly, mítico técnico del Liverpool: «Algunas personas creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte. Me decepciona esa actitud. Es más importante que eso».

Lo de terrorífico para calificar el partido de viernes 13 no es ya solo por la fecha o el ambiente en la sociedad catalana, sino sobre todo por la situación granota. No llega a ser espantosa, pero el equipo tiene que reaccionar para evitar que el futuro se vuelva apocalíptico, frenar en seco la caída antes de que aparezcan los nervios. Estos días de reposo son suficientes para llenar el depósito y recuperar la chispa e intensidad. O no.

Fotos

Vídeos