CALLES SIN CONTROL

Manteros y lateros toman la ciudad en Fallas para desesperación de los comerciantes

PACO MORENO

La primera en la frente, que se suele decir. Ha sido llegar el fin de semana de estreno fallero y aparecer como setas los vendedores de latas de cerveza y papas en los alrededores de la mascletà. La fritanga está al caer si nadie lo remedia.

Se están cumpliendo los peores vaticinios si nadie lo impide, es decir, el Ayuntamiento. Un augurio viene acompañado por unas medidas de seguridad aumentadas respecto al año pasado que perjudican a los comerciantes por los cortes de calles.

La seguridad manda, de eso no cabe duda, pero entiendo el cabreo de los empresarios que observan cómo se corta el flujo de clientes donde tienen el bar o el comercio mientras en los morros del balcón municipal los lateros empiezan a ganar dinero. Y claro, los vídeos y las fotografías empezaron rular el sábado para que quedara constancia de esa crítica lógica y normal.

Que las Fallas atraen a buscavidas, carteristas y espabilados que intentan conseguir unos euros por la vía rápida no es noticia. La novedad es que los que pagan los impuestos tienen la paciencia más que colmada y se les empieza a desbordar.

La Policía Local intenta ser flexible, aunque coincido con el gobierno municipal en que hay cosas con las que no se puede jugar. Pero dicho eso, el mismo refuerzo debería hace para frenar a manteros, lateros y todas las formas de atentar contra el comercio tradicional. Es una deuda que tiene el Consistorio con los empresarios que aguantan el resto del año en unos barrios donde precisamente no sobran los vecinos.

Luego no nos quejemos de que Ciutat Vella se ha quedado como un decorado para turistas, donde sólo hay locales que ofrecen yogures, trozos de pizza y souvenirs de imán para la nevera. Todas esas actividades son respetables, pero no suficientes para aguantar a los barrios del centro.

El incumplimiento de las ordenanzas sale barato y lo saben los vecinos de Ciutat Vella que apenas dos días después del loable esfuerzo del Ayuntamiento por la eliminación de pintadas, las mismas paredes están otra vez repletas con los grafitis. Nada nuevo salvo la velocidad con la que ha sucedido y el desparpajo de los gamberros por la impunidad de la que gozan, donde se han permitido hasta insultar a los vecinos que les recriminaban.

Debe ser cosa de los tiempos que corren y el fracaso del modelo educativo en este aspecto. Da igual el partido político que lo haya intentado. No funciona y la mejor muestra es pasear por la plaza del Ángel, Beneyto y Coll, Mare Vella o cualquiera del agujero negro del Carmen, donde sigue pendiente el plan urbanístico y la recuperación de la muralla musulmana que debe sacarlo del olvido.

Las cosas van muy lentas en esa parte de Valencia, todo lo contrario de lo que ocurre en el Cabanyal, donde se ha pasado en cuestión de días del desencuentro y la crispación entre asociaciones vecinales y gobierno municipal a un pacto para la construcción de 740 viviendas promovidas por el Ayuntamiento. Un barullo que deja todo prácticamente como estaba, o sea, el compromiso de la concejalía de Desarrollo Urbano de no reducir los jardines actuales, y con la duda de la actuación del alcalde Joan Ribó, que consiguió beneficio político a costa de sus socios socialistas, que han quedado como los malos en esta película.

Un aperitivo de las fricciones que pueden suceder hasta las próximas elecciones municipales en lo que debía ser un órgano colegiado, la junta de gobierno, debido a unas encuestas que se acercan cada vez más al empate técnico entre el tripartito actual y una posible alianza entre el PP y Ciudadanos. Y eso que los primeros no tienen todavía cabeza de lista, lo que aumenta los nervios en el gobierno actual.

Se ha dicho varias veces pero conviene repetir que este año será el decisivo para unos partidos que confían en repetir gobierno en 2019. Uno de los talones de Aquiles es la gestión de las inversiones de algunas concejalías, que cada mes quedan retratadas al lastrar la media del Consistorio. El año pasado la marca se quedó en el 53% de lo previsto, un resultado peor que en 2016, tanto en porcentaje como en millones invertidos.

Entonces se dijo que la culpa era de la demora del Gobierno en los Presupuestos del Estado. Ahora, si se aprueba el decreto ley en marzo para disponer de 62 millones más este año, el sobrante de 2017, todo dependerá de las concejalías. ¿Podrán hacer frente al aumento de trabajo? Habrá que verlo porque vistos los antecedentes los vecinos nos daríamos por satisfechos con que el Consistorio aumente el último porcentaje.

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