MI CALLE

CARLOS PAJUELO

Ejemplo: «Yo vivo en la calle 42 ó 54» le da un toque moderno, al tiempo que anónimo. Eso no crea ningún problema de memoria histórica y además ejercitas la tabla numérica. Yo sé que no somos iguales a los yanquis. Gracias a eso en su día, el ultra conservador, con un toque de liberal, de Manuel Fraga, pudo decir «La calle es mía» coincidiendo con alteraciones del orden público en España. Estaba, por cierto, en Venezuela. Con este asunto de reivindicarlo todo, la memoria histórica se hace un lío y los alcaldes, con la ayuda sin igual de los concejales de su cuerda, se han hecho eco de aquellas proféticas palabras de Fraga.

Han tomado la calle no solo para hacernos participes de una noticia circulatoria y dejarnos claro que no tenemos derecho a aparcar en el asfalto y al tiempo llenarnos de biciclos las aceras. Si no que ahora han atentado contra la identidad.

No me refiero a la identidad de género tan de moda en estos tiempos de indecisión y lujuria, no. Hablo de la identificación de la calle de uno, donde uno ha nacido, ha vivido, se ha enamorado y se ha dejado la piel (frase muy del gusto de los que toman posesión de algo) pagando letras sin fin para adquirir un trozo de suelo con paredes.

Lo que anteayer se llamaba Avda. del Oeste, un ejemplo, luego Barón de Cárcer y ahora de nuevo Avda. del Oeste, genera ciertas dificultades cuando tiras mano de tarjeta, de partida de nacimiento o te vas a casar con el empadronamiento de equivalencia que dicen que harán.

Los héroes nacionales de la pasada guerra civil serán liquidados en honor de los otros héroes, digo yo. Incluso se pasarán por la piedra de la historia sujetos que pertenecen a un pasado común y pensarán que hacen lo correcto, no ocurra que en el partido alguien piense que han sido excesivamente condescendientes. Imagino que el grupo municipal, que es el dueño ahora de las calles, habrá tenido la idea de decirse: de aquí para adelante que no quede uno. He perdido parte de mi identidad. Exijo un referéndum.

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