CALIDAD Y CANTIDAD

RAMÓN PALOMAR

La cantidad nos sigue cegando frente a la calidad porque al contemplar la imponente montaña despreciamos el diseño exquisito del pequeño fósil que yace ante nuestros pies con su forma de venerable espiral jurásica. Manuel Alcántara vindicaba el valor de un excelente y corto artículo frente a una larga novela insustancial en el prólogo que escribió para unas memorias de González Ruano. Ruano, en efecto, gastaba una prosa magnífica en sus artículos aunque, en lo personal, sobre todo durante su lóbrega época en el Paris ocupado por los nazis, tuvo un comportamiento abyecto. Desde el punto de vista literario, algunas breves piezas de Ruano segregan mayor calidad que las obras completas de muchos novelistas. Calidad frente a cantidad. Buena parte de los valencianos, padres, supongo, están de acuerdo con lo de ampliar los estudios del bachillerato una hora extra a la semana. En principio, el asunto motiva. Pues claro, que empollen una hora más que eso siempre viene bien y a ver si aprenden algo de una vez que nuestros chavales son unos gualtrapas enganchados al móvil y a la maquinita de matar zombis. Pero a lo mejor, esa horita extra no sirve para nada y como mucho sólo logra colapsar el cerebro del adolescente. No se trata de la cantidad de horas lectivas, sino de cómo se aprovechan estas. Podemos, también, invertir más dineros en educación. El doble de dinero; no, mejor el triple. Pero si esa derrama no se gestiona con inteligencia, con una mínima sensatez, arrojaremos esas monedas a la basura. La pasta gansa empleada sin arte es otro de nuestros modernos despilfarros, pero aquí nos obsesionamos con la cantidad, nunca con la calidad. Mientras no mejoren nuestros planes de estudio, ni las horas extra ni las inyecciones de capital contribuirán a elevar la calidad del atribulado alumno.

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