CALENDARIOS ABSURDOS

ANTONIO VERGARA

Históricamente, los calendarios fueron siempre valiosos para saber en qué día de la semana y del mes nos hallábamos. Como escribió Josep Pla, «la idea de formar un calendari ha estat una de les il.lusions més persistents de la humanitat» ('Les Hores', 1953).

Con el transcurso de los siglos y de los años, los calendarios tradicionales, como el Zaragozano, fundado en 1840, o el del Pagès, también muy antiguo, fueron decayendo. Ahora, con el posible cambio climático, son un trasto más, pasto de inundaciones.

Es una lástima, porque, verbigracia, 1953, según el calendario del Pagès («setembre assaonat, bolet al plat») fue el año 5936 de la creación del mundo y 4281 el de las exageradas lluvias que ocasionaron el Diluvio Universal y la construcción del Arca de Noé por un antecesor del arquitecto Calatrava.

El vigente calendario lo instauró Gregorio XIII en 1582, ajeno a los diseñadores que vendrían siglos después y que convertirían en inservible su ingenio.

Hay otra obra de Josep Pla, espléndida, titulada 'Calendario sin fechas' -Pla escribía con idéntica maestría en español y en su catalán no contaminado por la 'normalització' academicista-. Cuando la publicó nadie imaginaba que un calendario sólo sirviera para mirarlo. Pla se adelantó, metafóricamente, a los tiempos actuales, a los calendarios sin fechas, ni días ni años, una pura borrachera de diseño: 'Tendencias' o 'lifestyle'

Una masía, como la de Pla, o cualquier hogar y centro de trabajo -rural o urbano- siempre tuvo necesidad de un calendario, con números y letras grandes, muy visibles a una distancia prudencial. El calendario fue un objeto funcional. Día, mes y año, he aquí su clave, pero en grandes y majestuosos caracteres. Y en color, a ser posible.

En los calendarios de los años 40 y 50 del siglo XX todavía podíamos ver en qué día, mes y año estábamos. Ciertamente, iban ilustrados con imágenes que no molestaban. Incluso los alegraban. Es el caso de los publicados por la revista 'Esquire', donde notables dibujantes como Alberto Vargas o Al Moore los animaban con carnales 'pin up'. Ahora bien, seguíamos sabiendo cuál era el día, el mes y el año.

Las décadas siguientes continuaron transcurriendo y en los sesenta se editó, entre otros muchos calendarios, uno para promocionar la moto Vespa. Había fotografías de señoritas con bikini en la playa, posando de manera elegante y nada procaz. A su lado o al fondo, la Vespa. Tengamos en cuenta que el régimen de Franco ya permitía el bikini en las playas. La primera señorita cinematográfica con bikini la pudimos admirar en la película 'Bahía de Palma' (1962). Cubría las partes pudendas de Elke Sommer.

También en este caso le era provechoso al ciudadano. Podía distraerse fugazmente con las modelos pero inmediatamente sabía en qué día de la semana, del mes y del año vivía. Y la moto Vespa tampoco escapaba a sus cualidades de observador.

Ni que decir tiene que también había calendarios en los talleres de reparación de automóviles y en otros establecimientos (venta de electrodomésticos, bares, hornos o carnicerías), clavados a la pared con chinchetas, a la vista del público, y con señoritas modelo. Sin embargo, tras una primera e indiferente ojeada, lo que prevalecía era el tamaño de las letras y los números, es decir, la información que los ciudadanos buscaban. Estos calendarios son ahora políticamente incorrectos por la nefasta y dañina 'ideología de género'.

Sin embargo, lo que está muy bien valorado 'ideológicamente' a fecha de hoy por el 'pensamiento débil' no es que la mayoría de los calendarios sean ineficaces, sino que no figuren señoritas más o menos desnuditas, aunque los diseñen 'artistas' que no reflexionan sobre su función primigenia, ofuscadas por su delirio 'creativo' (?). Parece que su objetivo es impedir que el ciudadano crea que vive el 10 de septiembre de 2017, domingo, porque no hay modo de averiguarlo en el calendario: los números están al revés, son microscópicos y las letras parecen del alfabeto cirílico.

La pregunta capital es ésta: ¿Qué utilidad desempeña un calendario si no hay manera humana ni divina de saber en qué día, semana, mes y año penamos nuestros pecados? Este tema le hubiera iluminado a Josep Pla para escribir uno de sus irónicos y magistrales artículos en el semanario 'Destino'.

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