NUESTRA CALABAZA

NACH0 COTINO

El empoderamiento de Marcelino en el Valencia ha supuesto para el club un enorme alivio porque, desde la venta del club, éste se había convertido en una máquina implacable de generar decepción y mala leche en el valencianismo y... para el equipo, una bendición porque Marcelino hizo un diagnóstico certero y extirpó de raíz el mal de soberbia que se había extendido a modo de metástasis maligna en el vestuario. El técnico ha multiplicado los panes y los peces hasta convertir una auténtica ruina en un poderoso equipo de fútbol. Episodios como el que se vivió este último fin de semana en el avión de la Lazio con Nani enfrentándose a un aficionado se convierten hoy en la metáfora perfecta que viene a explicar muchas de las cosas que pasaban en el Valencia y, sobre todo, muchas de las que lamentablemente no pasaban. Y lo que no pasaba era: trabajo, esfuerzo y... humildad, tan necesaria para que la excusa y la soberbia no acaben por contaminar el grupo y que tan cara factura pasó al valencianismo en los últimos tiempos. Marcelino ha aplicado el tratamiento de choque con éxito y de forma inmediata, por eso la temporada que viene el Valencia volverá a disputar la competición a la que siempre debe aspirar. Ahora que sólo queda afianzarlo de manera matemática -claro- y otros objetivos secundarios por alcanzar como el de adelantar al Real Madrid que conlleva una carga de ilusión extra, más por tratarse del Madrid que por tratarse del tercer clasificado, es un buen momento para que las autoridades competentes en la materia tiren de informes y, sobre todo, de calculadora para ver cómo se puede mejorar la plantilla. Comprar y vender con acierto estudiando la cara B del futbolista a fichar para que crezca la competitividad de la plantilla sin que nunca vuelva a anidar en el vestuario ese virus tan pernicioso. Pero... no nos engañemos. El Valencia va a tener que vender porque, aunque en su día quisieran convencernos de lo contrario y preparásemos el bañador para nadar en la abundancia, la cosa no ha terminado siendo así y, aparentemente, Peter Lim no tiene previsto abordar una contundente ampliación de capital con la que competir con los grandes. Vamos que, como toda la vida, hay que trabajar por la sostenibilidad financiera porque la carroza vuelve a ser calabaza y, llegados a este punto, no queda más remedio que tratar que la calabaza sea lo más nutritiva posible porque es... nuestra calabaza y, a falta de una inyección económica, sólo el trabajo eficiente hará que vuelva a lucir como una carroza. Por eso, si vital es acertar en los refuerzos, no lo es menos atinar bien en las salidas. Asumiendo, claro, que alguno de los jugadores que muchos no querríamos ver marchar, tendrá que hacerlo. Y de ese color, ya tenemos varios trajes.

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