HASTA LA BURBUJA FINAL

ÁLVARO MOHORTE

Un pitido molesto, una sirena en la noche, unas voces que alertan a los bañistas para que salgan del agua. Se acerca el tiburón y todo vale. Cuando el peligro se aproxima, todos los medios disponibles son herramientas al servicio de quien quiere alertar del riesgo en el que se encuentran sus iguales. Otra cosa es que eso acalle la fiesta, interrumpa la placidez del sueño y corte el rollo.

Hace diez años reventaba el mercado inmobiliario y financiero español por culpa de una burbuja a la que nadie quiso dejar de meter aire. Ni los gobiernos de cualquier color o envergadura, ni los gobernadores del Banco de España, ni los presidentes y consejeros de las cajas de ahorro o los bancos más rumbosos escucharon (o prefirieron hacer como si no oyeran) las señales de analistas más observadores que la media o menos comprometidos con aquello de meter el cazo en el gran puchero que se estaba cocinando y terminó en un tremendo empacho.

Tras el acto de contrición y el propósito de enmienda, cuando la paloma ha vuelto a aparecer con la ramita de olivo en el pico, a muchos se les ha pasado el miedo a los efectos de un nuevo diluvio y han querido contribuir con su personal apretadita al hinchador para nuestra próxima burbuja.

Afortunadamente, las voces de alarma no se han hecho esperar y, siempre que puede, el presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliara de Valencia, Alfredo Cano, señala que «los precios de la vivienda en Valencia han aumentado de forma significativa en 2017 y, si no hay un cambio de tendencia en los próximos meses, esta situación se acentuará en 2018. Esto puede dar lugar a una 'miniburbuja' inmobiliaria que supondría volver a los errores que llevaron a la pasada crisis». Como la economía sin datos es hacer horóscopos, valga apuntar que el número de viviendas vendidas en la Comunitat en el tercer trimestre del año subió el 16,8% respecto al mismo periodo del año anterior, hasta las 18.505 operaciones, y el municipio de Valencia fue uno de los de mayor número de compraventas, con 2.404.

Así, los precios están creciendo de forma más discreta, pero ya hay síntomas en el hermano pequeño del negocio inmobiliario: los alquileres. Si no se puede comprar, se alquila y, por encima del coste del arrendamiento en según qué zonas, lo cierto es que los desahucios de inquilinos no han menguado (como sí lo han hecho los de propietarios). En el último trimestre, han llegado a representar el 53,8% del total, 788 casos en la Comunitat.

Se puede decir que las cifras son pequeñas, comparadas con 2009 o 2011, pero dibujan una tendencia ante la que habría que empezar a prestar atención. Pero claro, eso es ponerse chungo y molestar a quienes disfruta de la fiesta en su burbuja.

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