Buenos días España

Una pica en Flandes

Gracias Puigdemont por restituir a España sus banderas. Desde Agustina de Aragón nadie nos había unido tanto como tú

ESTEBAN GONZÁLEZ PONS

Nuestro idioma es el único en que 'buenos días' se dice en plural. En inglés es 'good morning', en francés 'bonjour', en italiano 'buongiorno' y, así en todos los lenguajes, en singular. Un día bueno y nada más. No hay otro saludo tan generoso. Algunos lingüistas sostienen que se trata de un plural expresivo, usado por los españoles para indicar intensidad y no cantidad, como sucede con 'hacer las paces' o 'trasladar condolencias'. También que podría ser un plural de respeto, como cuando enviamos 'saludos' o 'recuerdos'. No cabe incluir ahí la fórmula que tan a menudo utilizo yo de 'póngame a los pies de su señora', porque la señora a la que me refiero tiene un par y lleva el plural en el cuerpo. Para ciertos sabios, ese plural de 'buenos días', se formó por analogía con las horas canónicas ('buenos maitines' o 'buenos laudes lleves') o por afinidad con los sustantivos contables que se presentan con regularidad ('ir a los toros' o 'volver a las andadas'). Lo más seguro es que tenga que ver con 'buenos días nos de Dios', ya que Dios nos protege de continuo y no un solo día. Un país de madres, empleadas, peones y chóferes debe confiar en que Dios nos reserva un mañana infalible, para no rendirse al llorar de hastío por las axilas.

Las gracias también las damos en plural. Las demás lenguas en singular. Nos llenamos la boca de este modo: 'Muchas o muchísimas gracias'. Nos venimos arriba. Honramos al universo con abundancia de gratitud. Tal que pobres que reparten su pan porque perdieron todo menos el honor, labradoras confundidas con emperatrices de La Mancha por caballeros andantes o vecinos que contemplaron al capitán Aybar estrellarse con su avión para evitar que cayese en una zona poblada. Muchas gracias, mi capitán. España habla, vive, sufre, se alegra y sueña en plural. El egoísmo no es español. Para eso nos sobran sequías, emigraciones, desempleos, vendimias y leches del cura. A ser español se aprende llorando por la noche a solas en la silla de la cocina, ¿cómo íbamos a ser egoístas?

Últimamente, la insurrección de los avaros nos ha devuelto nuestra bandera como símbolo de solidaridad. Buen negocio para los bazares chinos que la vendían en sus dos tamaños: 'peñeña o glande'. La enseña roja y amarilla, junto a la de Europa y la señera constitucional, son ahora nuestra bandera común. Triple y, mira por dónde, también plural. Allá donde ondee una de las tres o las tres juntas, bien se puede suponer que las sostiene un español.

El nacionalismo es singular y excluyente. España es plural e incluyente. Todo lo demás, literatura. Muchísimas gracias, pues, a los codiciosos que, con sus ofensas, han estimulado la fraternidad del raro pueblo que desea 'buenos días' y no sólo un 'buen día'. Gracias Puigdemont por restituir a España sus banderas, desde Agustina de Aragón nadie nos había unido tanto como tú.

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