LA BUENA FE

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

El plus que redondea el sueldo a fin de mes representa la dulce golosina del que aspira a convertirse en covachuelista tan profesional como perpetuo. El plus, el extra, el gratificante pellizco, la migaja azucarada, en fin, supone una suerte de premio en forma de bella limosna y nuestra administración dispone de un sinfín de caramelitos que reconfortan el bolsillo del incrustado y que la gente, esa gente de la cual tanto hablan, desconoce pues, en efecto, en el mundo real de la gente, más allá del kilometraje que reciben los esforzados comerciales, esa clase de chollos no existen.

Resistirse ante el canto metálico fruto de la calderilla de esos pluses resulta, parece ser, harto difícil. De momento ya tenemos a dos jefecillos de algo que han canalizado hacia sus carteras esos hidratantes pluses aunque no está claro, nada claro, que lo mereciesen. Y es que, entre el formidable barullo de los dineros públicos que atraviesan los negociados del entramado burocrático, oye, a veces sin querer, a veces queriendo, a veces fingiendo despiste y a veces despistado de verdad, se te cuela culebroso ese tonificante plus y tampoco te vas a poner avinagrado con ese fertilizante súbito que alegra el alma. Pero se me antoja curiosa semejante laxitud por parte de los que predicaban con palabras de fuego la necesaria austeridad frente al despilfarro. La vida, según chupes oposición o disfrutes de cargo, se ve de diferente manera. También extraña la modosa piedad de la otrora implacable camisetera Mónica Oltra. La vicepresidenta, en efecto, aboga por no pedir que se devuelva el dinero «si se ha cobrado de buena fe». ¿Comorrr? Aquí la buena fe no pinta nada. Si han anabolizado su sueldo mediante la trola no sólo deben reintegrar ese plus bastardillo, sino que conviene exigir responsabilidades ante el atropello.

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