BREVE Y GANGOSO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Los testimonios del respetable que allí en Santander se arracimó para disfrutar con su ídolo son contundentes: cantó breve y gangoso, se sospecha además de un abuso del play-back, lo cual tampoco nos extrañaría pues el guapo mozo, el atlético mozo, voz, lo que se dice voz, no tiene demasiada.

Quizá el calor me provoca extrañas cavilaciones porque la sesera se torna algo liquida ante el bochorno. Me golpea el pasmo. ¿30.000 personas acudieron, pagando, a un concierto de Enrique Iglesias? Pues sí. Entonces, uno piensa lo de «¿Y por qué acude tanta gente para contemplar un espectáculo chorra bañado por una pseudomúsica de ínfima categoría?» Y conste que esto no es una opinión, sino un hecho objetivo. Tras reflexionar un poco, sólo un poco pues las altas temperaturas no permiten profundizar y la verdad es que el tema tampoco da para tanto, sólo puedo concluir que, nuestro maravilloso estado del bienestar presenta una cara oculta preñada de pereza intelectual que impulsa a una parte del paisanaje a picar el anzuelo sabiamente publicitado. El personal, a estas alturas del año de vacaciones oficiales u oficiosas, se aburre, por lo tanto se apunta a un bombardeo, por lo tanto se deja llevar y acaba coreando en un estadio las melodías picajosas y pegadizas del famosete. Los días y las noches se alargan y una porción de nuestros conciudadanos necesitan el gasóleo del entretenimiento banal porque quedarse cobijado bajo la sombra de un pino o en casa mecido por la brisa eléctica, disfrutando de un buen libro, no entra en sus planes. Pringar en un concierto de Enrique Iglesias revela falta de cultura musical y escasa personalidad. El estado del bienestar, mal entendido, genera laxitud mental. Los nefastos planes educativos también contribuyen a fomentar paladares que sólo degluten escoria melódica.

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