Un botón de muestra

Es hora de acreditar la desfachatez de la izquierda gobernante con rigor e inteligencia

IGNACIO GIL LÁZARO

Faltan diecisiete meses para las próximas elecciones locales y autonómicas. El gobierno municipal de Valencia y el Consell son un fracaso. Gran parte de la sociedad valenciana está harta de aguantar el sectarismo, las chorradas y la ineficacia de Compromís, porque el PSPV y Podemos parecen meros oyentes arrastrados cada vez más por la dinámica nacionalista. Sin embargo, no se percibe todavía una respuesta política alternativa capaz de licenciar con votos y escaños a esa izquierda botarate. En el PP bulle el desbarajuste interno sin que existan tampoco liderazgos de entidad que resulten atractivos. El presidente de AVE lo dijo hace unos días y tiene razón. Ciudadanos por su parte gana puntos en valoración social pero aún adolece de oficio para orquestar ese crédito. No es de extrañar, pues, que Oltra, Marzà y compañía vayan a la suya con absoluto descaro. Durante los dos últimos años le han regalado más de un millón y medio de euros a asociaciones catalanistas de su entorno, mientras se excluye de ayudas a Lo Rat Penat, se le niega el Teatro Principal para celebrar els Jocs Florals o se impide su presencia en Expo Jove. El colmo es que los Presupuestos de la Generalitat para el ejercicio en curso prevean entregar otros 120.000 euros a periódicos digitales independentistas de Cataluña, a los que la aplicación del artículo 155 les ha privado del dinero que recibían del Govern catalán. Ojo también al tinglado de adoctrinamiento y propaganda que Compromís se está ultimando con el montaje de la nueva radiotelevisión autonómica. Ciertamente Valencia no merece estar en manos de personajes como Xambó o Grezzi y tantos otros de igual camada chulesca y autoritaria que nunca soñaron llegar donde están. Toca pues que sus contrincantes empiecen a ponerles el dedo en la llaga. Es hora de acreditar la desfachatez de la izquierda gobernante. Con rigor e inteligencia. Sin frikismos ni complejos. Un botón de muestra: los grupos de oposición deberían preguntarle a Ribó en el próximo pleno si es o ha sido socio de 'El Micalet' y de Acció Cultural del País Valencià. No se trata de ahondar en una cuestión exclusiva del ámbito privado. Tiene transcendencia política a la vista de cómo esas dos entidades están siendo beneficiadas escandalosamente con fondos públicos por el desastre de alcalde que padece la ciudad. No sólo eso. Es además el trato de favor continuo que el primer edil le da a aquellas. Consiste por ejemplo en disponer todos los recursos del Ayuntamiento al servicio de una patochada burlesca llamada 'cabalgata de las Reinas Magas', que por tercer año consecutivo saldrá esta mañana a la calle sin otro motivo sustancial que poner en solfa la tradición católica y en consecuencia despreciar las creencias de miles de valencianos que la hacen propia. De ahí que importe saber la concreta relación personal de Ribó con los promotores de ese escarnio. Faltaría más. A las claras. Hoy Valencia lo reclama.

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