BOTELLÓN CRÓNICO

Cap i casal

La denuncia vecinal del abandono junto al Parque Central augura unas Fallas descontroladas un año más

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Puede que para los demás sea un problema casi asumido, como los excrementos de perro en las aceras o el grafiti en las persianas de las tiendas, pero los vecinos de Cruz Cubierta han querido recordar a todos, sobre todo al Ayuntamiento, que el botellón no se ha ido del barrio. Un vídeo de este fin de semana con la combinación de alcohol, música y alta a gritos hace comprender a muchos lo difícil que es dormir en algunas zonas de Valencia.

El derecho al descanso está reconocido en la Declaración de Derechos Humanos de 1948, aunque en el documento de San Francisco se refieren a las pausas reconocidas en una jornada de trabajo. Otra cosa distinta es cuando de madrugada resuenan debajo de la ventana los últimos éxitos de lo que se escuche ahora y a primera hora de la mañana, lo primero que le recibe a uno al bajar a la calle son botellas y vasos vacíos, amén de algún rastro de orina y vómito. Todo muy natural y ecológico.

Que este problema destaque ahora en Cruz Cubierta no es casual. Los aledaños de la calle San Vicente Mártir son una colección de solares, edificios abandonados y cuarteles pendientes de mejor destino que reflejan a una Administración que se asoma al fracaso cuando han pasado ya dos años y medio de mandato y del Parque Central no hay más a día de hoy más que lo firmado por la fallecida Rita Barberá, una primera fase junto a Ruzafa que servirá de justificación al gobierno municipal actual.

En la zona de botellón de Cruz Cubierta asoman también viviendas abandonadas, solares convertidos en vertederos y cuarteles donde lo único decidido de momento es el traslado de unos niños a unos barracones para que asistan a clase. ¿Qué pasa con el colegio Santo Ángel de la Guarda? Me temo que asistiremos a un nuevo episodio del colegio 103, donde la provisionalidad ha durado varios años. Todo muy normal en unos barrios que siguen a la espera. Las quejas por el botellón llegan también a poco menos de un mes de los días grandes de las Fallas, que este año auguran ser multitudinarias por el azar del calendario. En algunos barrios ya han dado la voz de alerta como en el Carmen, donde la asociación vecinal recuerda los peligrosos colapsos producidos el pasado año en la calle Caballeros, la plaza del Negrito o la del Tossal, por citar algunas de las más concurridas. Más controles en las verbenas, los tiradores de cerveza aparecidos por ensalmo y el entorno de las furgonetas gastronómicas, modernas pero que tienen el inconveniente (léase la ironía) de que generan a su alrededor montones de basura por la imposibilidad de entrar de las brigadas de limpieza.

Las imágenes del pasado año no empujan al optimismo. Recuerdo las papeleras desbordadas en Ruzafa con maceteros convertidos en depósitos de basura. Mucho tiene que mejorar la gestión del Consistorio para que estas Fallas no sean una vez más de bocadillo y botellón.

Otro de los focos apuntará dentro de unas semanas al entorno de la Lonja, víctima de las pintadas y del retraso en la tramitación para colocar cámaras de videovigilancia. Ha pasado más de un mes desde que el Ayuntamiento diera a conocer la decisión de proteger una serie de inmuebles con estos dispositivos sin que haya avanzado sustancialmente el proyecto. Esta falta de empuje en la gestión coincide con un proceso, el del concurso de ideas para reurbanizar el entorno del edificio, que tampoco echa humo por su velocidad. Es más, lo último que saben las tres empresas preseleccionadas es una nueva rectificación del tripartito por el acceso al sótano del Mercado Central, que sí habrá para el tráfico de vehículos desde la calle.

De ahí que el edificio Patrimonio de la Humanidad tiene las papeletas de quedar rodeado un año más por manteros, verbenas y hasta alguna churrería si la Policía Local no está rápida. Los comerciantes del centro reiteran la petición más lógica, a saber, que haya un depósito de decomisos en el centro para que las patrullas vuelvan a la faena rápidamente, aunque a la vista del descontrol habitual (¿Por qué no se hace nada con el mercadillo ilegal de todos los domingos en la calle Calabazas?) la expectativa de mejorar es improbable.

Entiendo que la falta de plantilla es un hándicap para la Policía Local y muestra de ello son los 40 agentes que se quieren contratar para Fallas. Pero hasta que la cosa mejore dentro de más de un año, habría que fijar prioridades y destinar los servicios a estos días en lugar de fiestas y saraos municipales en las calles que generan escaso beneficio para Valencia.

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