Blas

Nunca sabemos los nombres de los y las policías que nos protegen, ni de los bomberos, ni de los guardias civiles o militares que velan por nosotros

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Hace años, en unas charlas sobre solidaridad y personas vulnerables, el conferenciante hizo que nos preguntáramos por algún sin techo que conociéramos del barrio o por alguien a quien viéramos a diario pidiendo limosna en la puerta de una iglesia o en una esquina. Cuando lo habíamos visualizado nos espetó: «¿Sabes su nombre?» Pretendía que tomáramos conciencia de cómo ignoramos a quienes nos rodean, sobre todo, en situación de dificultad. Ese día me propuse hablar un poco más con la mujer que pedía en la puerta del supermercado y a la que todas las semanas le compraba algo de comer. Al entrar, le preguntaba qué quería y ella me pedía algo de leche o de pollo para sus hijos porque el pan se lo daban en un horno cercano cuando cerraban a mediodía. Se llamaba Carmen. Y desde que supe su nombre, me cambió la perspectiva. Ya no era una mujer que pedía. Era Carmen que necesitaba comida para sus seis hijos.

Cuando ayer conocimos la muerte de un policía en la calle Sueca de Valencia apuñalado por el sospechoso al que iba a detener no me fijé en que era subinspector del Grupo de Homicidios. Entiendo que eso hace más relevante el asesinato, pero lo que me impresionó es saber que se llamaba Blas. Nunca sabemos los nombres de los y las policías que nos protegen, ni de los bomberos, ni de los guardias civiles o militares que velan por nosotros. Son policías, bomberos, guardias civiles o militares. El de ayer era un policía. Pero era Blas. Y, dicho así, aun sin conocerlo, la perspectiva cambia. Porque 'un policía' es un funcionario, un servidor, un profesional. Pero 'Blas' es 'ese' policía. Es un padre de familia, un marido, un cuñado, un hijo, un amigo, un vecino. Decir su nombre lo humaniza, le pone cara, hace presente aquí y ahora a todo su entorno, su mundo y sus seres queridos que hoy le lloran. Por eso es bueno decir su nombre. No es un policía. Es Blas.

En los últimos años nos hemos acostumbrado a saber el nombre de pila de jueces, fiscales o cirujanos que antes quedaban en el anonimato. Eran quienes actuaban a favor de los ciudadanos pero sin fama ni popularidad. Ahora, en cambio, algunos se han convertido en jueces estrella como Grande-Marlaska; fiscales estrella como Horrach o cirujanos estrella como Cavadas. Su trabajo y su entrega siguen siendo los mismos pero saber quiénes son nos ayuda a individualizarlos. Más aún si hablamos de cuerpos abnegados como el de la policía. Para nosotros son uniformes azules que nos tranquilizan cuando están cerca sin rostro ni nombre, pero son seres humanos cuya pérdida es una tragedia por mucho que el riesgo forme parte de su profesión y de su vida. La recomendación de dar el nombre se pide también con las mujeres víctimas de crímenes machistas. No es 'una mujer'. Es Ana, Cristina o Lola. El nombre nos hace únicos. Distintos. Por eso, hoy, la forma de honrar a un servidor público es reconocer el sacrificio generoso de Blas.

Fotos

Vídeos