Biografías

MIQUEL NADAL

Entre reflexionar sobre los grandes temas esenciales, el envejecimiento de la población, el futuro de las pensiones, la despoblación del interior, la calidad de la educación, y debatir sobre estatuas, banderas y nombres de calles no hay color. Ya solo hablan de los temas mayores el Papa, los políticos amortizados o los catedráticos en las entrevistas cuando los hacen eméritos. Entre perder el tiempo tratando de mejorar el contenido y la calidad de lo que echamos al puchero o hacerlo sobre los méritos de la presencia en el nomenclátor ganan los símbolos. La gloria cotiza muy cara. La estricta separación entre la biografía y la obra literaria nos permitía desconocer si el autor padecía soriasis, pagara sus deudas o mantuviera dos familias. Las historias de la literatura son ya historias biográficas de la literatura sobre las distintas manifestaciones del «caca-pedo-pis» de los autores. Mientras no sean medianamente progresistas. La separación entre obra y vida permitía que la acreditación de que César González Ruano fue un notorio miserable por su antisemitismo y su actuación en la Segunda Guerra Mundial durante su estancia en París no restara admiración sobre el escritor. Cada biografía es también la suma de las miserias, las contradicciones y la coherencia con el tiempo histórico. Sin embargo, el canon de lo políticamente correcto es miope y se detiene solo en volver a arbitrar la historia a la luz de las vicisitudes de la Segunda República y de la Guerra Civil, con el relato malvadamente cándido y eficaz de los malos y buenos, los ángeles y los demonios, los leales y los traidores. Todo lo demás no importa. Así, que el Marqués de Campo se enriqueciera con tráficos varios, y en cierto modo fuera el Madoff de la estafa del siglo XIX, o que Vicente Alfaro fuera el abogado de la empresa concesionaria de las Cámaras Beccari, o que el General Elío continúe conservando una calle da igual. Solo la guerra civil, siempre la guerra civil, y siempre sobre lo mismo. El Premio de Periodismo César González Ruano que patrocinaba una empresa aseguradora perdió su nombre. Es la habitual miopía retrospectiva. Ahora sabemos que al Pablo Neruda de 'Veinte poemas de amor y una canción desesperada', habría que añadir también su miseria por el abandono a su primera esposa y a su hija, enferma de hidrocefalia. Si fuera de derechas se prohibirían sus libros. Hay un libro delicioso de Encarna y Carmen Garcia Monerris, 'La nación secuestrada. Francisco Javier Elío: correspondencia y manifiesto'. Recoge la correspondencia secreta, cifrada, del General Elío durante su cautiverio en la Ciudadela entre 1820 y 1822, hasta su ejecución a garrote vil. Tiene grandes perlas sobre Valencia: «No hay en España provincia más cobarde. Teniendo miedo están alegres, obedecen más a gusto a un asesino con trabuco que a un general» o «Al fin y al cabo son valencianos: hablar mucho y poco hacer». No habiendo franquismo tendremos calle del General Elío para largo.

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