El bienestar animal o el bienestar humano

FERRAN BELDA

Esto es de locos. Una anciana muere aplastada por la puerta automática que franqueaba indebidamente para dar de comer a la gatera avecindada en el Hospital Provincial de Castellón, y el que más y el que menos se revuelve contra la dirección del centro. CC.OO., porque no le dio vela en este dramático entierro. Las asociaciones protectoras de los animales, porque consideran que a la difunta le asistía todo el derecho del mundo a entrar por donde quisiera al establecimiento sanitario. Y el ayuntamiento, porque no solo no erradicó al instante ese foco de inmundicia ni llamó a capítulo a estos colectivos, sino que acabó poniéndose de su lado. Del lado de los que consideran, 'ad pedem litterae', que el hospital mostró un total desprecio por el legado de la difunta y las leyes de la ecología (sic) al pedirles que se llevaran de allí a los gatos. En pleno chaparrón contra los responsables de dicho sanatorio, a la concejal de Salud Pública castellonense, MC Ribera, no se le ocurrió una vileza mejor que anunciar que había activado una campaña para controlar las colonias de micifuces existentes en la ciudad de consuno con las organizaciones gatunas. Ante cuyos dirigentes se comprometía a reconocer oficialmente cuantos carnets de alimentadores y custodios de colonias felinas tengan a bien expedir. Una claudicación que obvia que la ailuromanía es lo que es. Y las autoridades no pueden llevarse a engaño. Animal sagrado en el antiguo Egipto y protagonista, casi como ningún otro, de piezas inolvidables de la literatura y el cine, el gato es una de las criaturas que más interés ha despertado siempre en el hombre por su belleza y carácter. Ocurre, sin embargo, que Hemingway no estaba en su mejor momento cuando empezó a rodearse de ellos en Cuba. Y rebajar las normas de higiene para satisfacer las cada vez más descabelladas exigencias de ailuromaniacos y cinomaniacos está empezando a poner en peligro la salud y hasta el orden públicos, porque no todo el mundo tiene por qué compartir las servidumbres y las molestias de las mascotas ajenas.

En la carrera por emular a Hitler, Himmler y Göring, grandes amantes de los animales, no hay político que no esté prometiendo sustituir los sacrificios por la esterilizaciones. Los últimos, García Paje y Cristina Cifuentes. El problema es que el año pasado se abandonaron en España 104.447 perros y 33.335 gatos. Y resulta un tanto contradictorio que por un lado la Seguridad Social no cubra todos los tratamientos y por otro se invierta un dineral en esterilizar a mininos que se reproducen a razón de 1-10 crías por camada. Manutención aparte. Y no es una broma. Entre las reclamaciones de los gateros de Castellón figura la firma de un convenio que evite que «los cuidadores (...) sigan (...) corriendo riesgos innecesarios sin recursos públicos». Algo que ya se tuvo que oír la concejal de Bienestar Animal de Valencia Glòria Tello. Y dijo amén.

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