El bien que viene del mal

DIEGO CARCEDO

Casi todos lo hemos pasado mal estos días con los incidentes que perturbaron la normalidad en Cataluña. Quien más quien menos asistió con dolor a unas escenas de violación de leyes, desprecio a los demás y enfrentamientos sociales que no merecen la más mínima comprensión. Sin embargo, hay que reconocer que el viejo dicho de que no hay mal que por bien no venga, también ante esta contrariedad colectiva se va cumpliendo. La actuación del desbocado soberanismo tendrá que pagar algunas facturas por sedición, provocación, incitación o malversación, pero el resto de los ciudadanos catalanes y españoles en general algún beneficio sí que vamos a sacar de tan malas horas pasadas y de los daños económicos que la aventura separatista ha dejado como rastro. Son compensaciones abstractas en su mayor parte pero muy valiosas para la convivencia. Una de ellas es la recuperación de un patriotismo, que no patrioterismo, que se había perdido. La palabra España, cuyo uso últimamente se pronunciaba con cierto pudor ha vuelto a recobrar el orgullo que merece. Y con la palabra España, el país de todos, con nuestras diferencias e intereses, también han vuelto a tener significado sus símbolos, como la bandera nacional que ha batido records de exhibición, el himno o la Constitución.

Lo mismo cabría decir de la superación de traumas que la política española solía padecer. Algunos partidos políticos con ideas muy diferentes y tradicionalmente enfrentados en la disputa por el poder, han demostrado que en determinadas circunstancias son capaces de entenderse para afrontar desde la fuerza de la unidad los problemas. La imagen de la política ha sido en este caso la gran beneficiada. También la Constitución después de demostrar su vigencia y utilidad saldrá por fin del olvido para una puesta al día que deberá ser discutida y negociada en los próximos meses por los cauces establecidos. Ha quedado claro que no todo vale y que quienes quieran conseguir sus objetivos por atajos no lo conseguirán.

El Estado de derecho está triunfando y los efectos derivados de su incumplimiento, como el caos institucional que se ha generado, quedarán saldados dentro de pocas semanas con unas elecciones autonómicas en libertad, abiertas a todos los partidos que quieran competir. Claro que como no todo son maravillas, también los incidentes en Cataluña originarán movimientos telúricos en algunos partidos y actitudes que a medio plazo podrían llevar a elecciones generales anticipadas.

En el conjunto de las fuerzas políticas hay que lamentar, puestos a decirlo todo, el lamentable espectáculo ofrecido por los líderes de Podemos y sus confluencias alineándose en la práctica con los separatistas y respaldando con su ambigüedad y falta de criterio a quienes quieren convertir a España en una nueva versión de los reinos de taifas de los tiempos de la Reconquista.

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