¿Y lo bien que estábamos?

Las ausencias de partidos y autoridades en la entrega del Premio Broseta ayudan mucho a iluminar el escenario político

F. P. PUCHE

El lunes, en el Salón de Cortes de la Generalitat, se entregó el Premio de Convivencia de la Fundación Manuel Broseta a la entidad Societat Civil Catalana, y los representantes de Compromís y de Podemos no asistieron al acto protocolario. Fue una verdadera lástima, es verdad. Pero uno de los asistentes, al final, me resumió lo que más o menos parecía el pensamiento más extendido. «Ha sido una pena; pero ¿y lo bien que estábamos?»

Fue un rasgo de brutal sinceridad a la valenciana. Pero, sí, había más sillas disponibles, estábamos algo más anchos, los responsables de protocolo sufrieron menos, casi nadie se quedó de pie y todo, absolutamente todo, quedó a fin de cuentas mucho más claro. «!Quan menys bultos, mes claror», dice un tremendo refrán de la tierra. Y es que las ausencias, por más que lamentables, tienen en ocasiones así el valor que tenía el magnesio en las antiguas fotografías: aclaran el escenario a fotografiar, definen los perfiles, permiten identificar a todos los presentes y finalmente sitúan una enormidad al público espectador. Que ahora ya sabe, con claridad meridiana, que Compromís y Podemos no querían que se les entregara el premio de Convivencia a quienes en Cataluña han estado al lado de la ley, de la unidad de España y del cumplimiento de la Constitución.

Cataluña ha empezado de nuevo a organizar su vida política tras las elecciones del 21 de diciembre. Se levanta el telón para un tiempo político nuevo tras una etapa en la que todos, todos, hemos experimentado un «proceso fotográfico» esclarecedor. Incluso a través de los silencios se puede escrutar, ahora, el quién es quién de la sociedad española, catalana, valenciana... Y de entre los muchas retratos hechos en nuestra tierra, éste del lunes, el de los Premios Broseta, ha sido diáfano, detallado, veraz en sus resultados.

Y nos señala, además, que las ausencias no solo se produjeron en el Salón de Cortes de la Generalitat, que es el símbolo máximo de la representación democrática de los valencianos, la Catedral cívica de nuestra autonomía, sino también en esa ermita laica de la democracia valenciana que es el monolito levantado en Blasco Ibáñez en recuerdo de Manolo Broseta. Compromís y Podemos, el lunes, negaron no solo ver cómo Sociedad Civil Catalana recibía el premio ganado en 2018, sino que tampoco se dejaron ver en el lugar donde Valencia rinde homenaje a un asesinado por ETA y, con él, a todos los demás asesinados por el terrorismo.

El lunes, en la Generalitat, vi a mucha gente. Vi incluso que personas que en la vida política no han podido soportarse literalmente, se hablaban con cortesía y se daban la mano como prueba de respeto. A ellos mismos y al Salón donde se daba un premio a la Convivencia. Lo curioso es que nadie, y hablé con muchas personas, echó en falta, ni lamentó, unas ausencias deplorables. Hasta que oí ese comentario, tan ácido como certero, tan realista como natural: ¿Y lo bien que estábamos?

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