Bergoglio

El victimismo nunca es un buen aliado. No está de más que desde el Vaticano lo recuerden

Carmen Velasco
CARMEN VELASCOValencia

Puede ser en verano o en cualquier estación, pero es absolutamente necesario huir de uno mismo cada cierto tiempo: perderse, mudar la piel, estar ausente, sortear el abismo, domeñar las contradicciones propias, marcar distancias con el pasado, tentar al futuro para ver si resiste, sustituir el destino por la probabilidad, volar sin alas... y todo para mantener los pies en el suelo. Las personas aceptan el mundo poco a poco y a sí mismas se toleran a la fuerza. La queja constante no ayuda en esta tarea catártica ni tampoco contribuye a mejorar el mundo. El Papa Francisco lo sabe y Jorge Mario Bergoglio, el hombre que habita en él, también, porque en la puerta de la habitación del Pontífice en su residencia de vacaciones cuelga un cartel con el lema 'Prohibido quejarse', según el periódico italiano 'La Stampa'. El victimismo nunca es un buen aliado. No está de más que desde el Vaticano lo recuerden porque es un mensaje que trasciende más allá de las creencias religiosas.

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