En las barbas de la consejera Cebrián

FERRAN BELDA

Sillón de mis entretelas. /Mi despachito oficial. /Quieren dejarme a dos velas, /a un director general. /Me quieren echar afuera, /arrojarme al arrabal. /Qué puñal a la trapera, /el papelín oficial». Untarse «el trasero con Sintenticón» para eludir el despido, como el político al que parodia Aute en un canción, es algo que no había hecho aquí nadie. Nadie hasta que el secretario de Medio Ambiente Julià Álvaro se malició que si consentía que su consellera, Elena Cebrián, prescindiera de los servicios de Delia Álvarez y Joan Piquer, él sería el siguiente y se puso hecho un basilisco. Porque el pobre Enrique Monsonís no se murió reclamando un cargo sino que se le reconociera su condición de expresidente de la Generalidad toda vez que lo había sido de cuatro de los ocho gobiernos preautonómicos que hubo en poco de más de dos años. Y ni él, ni Josep Ll. Albiñana, ni cuantos le precedieron o secundaron en aquellos azarosos tiempos montaron el menor espectáculo a la hora de marcharse.

Alvaro Valls, en cambio, no se ha privado de nada. Primero sembró cizaña en las feraces tierras del ciberespacio. Después se prevalió de su autoridad para recoger firmas de apoyo entre quienes le deben algún tipo de obediencia o favor. Y no contento con ello se personó en la reunión de la ejecutiva de Compromís para advertir a los allí presentes que desencadenaría una escandalera aún mayor si la camarada y consejera Elena Cebrián, destituía a sus dos patrocinados. Un ultimátum que de momento ha surtido efecto porque allí continúan los tres. O mejor dicho: lo cuatro. La consejera, el airado secretario y los dos directores generales dispuestos a seguirle hasta el final en lo fundamental: el rechazo a la construcción de Puerto Mediterráneo y la implantación a macha martillo de la recogida de envases por medio del SDDR. Quid último de la cuestión. ¿Qué impide a Compromís mandarlos a todos a paseo? Digo yo si el temor a que la manifiesta incapacidad de la consejera para llevar a cabo un sencillo reajuste departamental le pase factura a la marca. Porque, desde luego, no creo yo que a estas alturas del mandato les preocupe demasiado que Verds-Equo les acuse de ponerse del lado del gran capital en estas pendencias. Ni mucho menos que les quite el sueño la posibilidad de que Julià Álvaro se marche con su partido (de bolsillo) a Podemos, habiendo tantas escarapelas ecologistas donde elegir. Sea como fuere, el carácter pintoresco de la asonada no puede hacer olvidar a la dirección de Compromís que también es la primera vez que una consejera se demora tanto en tomar una decisión de esta naturaleza que brinda a los afectados la oportunidad de apalancarse en la plaza. Demostrando, por si alguna falta hacía, que si su reino no es el animal -los ganaderos no dan crédito- ni el vegetal -el campo está que trina-, es que es de otro mundo. Y quizá convendría que volviera a él.

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