Balance que ilusiona

PEDRO TOLEDANO

Se acabó la Feria de Julio, y nos quedamos con unas cuantas percepciones que invitan a pensar que hay futuro, que nada está perdido. No es fácil que en un programa tan menguado se den hechos tan emotivos como los vividos. Entre los especiales, la programación de las clases prácticas, con la agradable sorpresa de ese chaval de Torrent, llamado Borja Collado. O el juego de los novillos de Los Maños, que vinieron a decir que la Tauromaquia es técnica y compromiso, o que la desencajonada, como demostró la masiva concurrencia, es una bendita tradición.

Y entre lo sobresaliente, la actuación de Manzanares, ante el toro 'Bobito' de Cuvillo, donde la técnica, la plástica y la inspiración hicieron que vibraran los espectadores sobremanera; la apasionada entrega de un hombre como Paco Ureña, ante un toro bravo de Algarra, haciendo saltar la banca de las emociones más fuertes hasta provocar el delirio colectivo, o que un chaval como Román, siga creciendo y demuestre cada vez que le embiste un toro, esta vez, ahí es nada, de Cuadri, que Valencia puede seguir teniendo toreros de alta escuela.

El capítulo afectivo, por puro respeto a los ancestros y porque me gusta presumir de amigos de amplia calidad humana, lo protagonizó Francisco Rivera Ordóñez, 'Paquirri', en su adiós al coso valenciano. No se conjugaron los elementos adecuados para que el torero pudiera hacer del momento un acto significativo. Su nivel de compromiso y su exigencia se mezclaron de modo disparejo y el tema se resolvió con frialdad de cirujano. Pero era solo una tarde de toros y en esa misma plaza y en otras de toda España, América y Francia, ha cosechado éxitos muy notables durante su trayectoria.

Durante veinticinco temporadas, el primogénito de aquel Paquirri mítico ha debido enfrentarse a su condición de heredero de una poderosa dinastía taurina, y lo asumió con naturalidad y frescura y con una enorme dosis de responsabilidad. Se despidió de Valencia en la que triunfó muchas tardes, pero no se despidió del recorrido vital y artístico que quedará, sin duda, para la posteridad. Hasta Ronda, amigo.

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